La Ciudad de Buenos Aires lleva varios meses destacandose en materia educativa por la constante toma de los colegios por parte de los alumnos, los chicos van variando los reclamos: falta de calefaccion, eliminacion del regimen de becas, etc.
Lo cierto es que mas alla de que los reclamos tomen distintos tintes politicos, estas protestas sacan a relucir la falta de politicas educativas por parte de la gestion actual y las anteriores. La unica politica educativa que se denota en todo esto son los casi sistematicos recortes de presupuesto a la educacion, quitando becas, no cumpliendo con los compromisos asumidos por el estado en su momento, las reformas edilicias y tantisimos problemas mas, entre ellos la situacion laboral de los docentes.
En materia de proyectos educativos se trabaja muy poco, los chicos de nuestra ciudad, tanto primarios como secundarios, estudian programas muchas veces desactualizados. Probablemente la toma de colegios no sea la forma de protesta adecuada, pero si esa toma es abierta al dialogo puede ser una manera efectiva de conseguir que el estado preste atencion en los temas de relevancia.
La educacion que estos chicos reciban va a ser la base de su sustento el dia de mañana, el futuro del pais estara en sus manos seguramente, eso todos los sabemos, pero tambien sabemos que a este modelo(economico,social,politico, etc) no le conviene tener, a futuro, una sociedad con capacidad de pensamiento y accion necesaria para llevar a cabo los cambios.
Si hay algo que tenemos claro, es que la educacion en Buenos Aires no esta buena.
Jorge Kehiayan
jueves, 28 de agosto de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Verguenza ajena/propia
Por Irma Gerch
Cuando hablamos y nos quejamos de la inseguridad y delincuencia deberíamos considerar seriamente, ciertos hechos que por ser demasiados crudos y dolorosos a veces no nos detenemos a analizar, como el caso real que paso a relatarles.
La escena se desarrollaba dentro de un establecimiento penal de la provincia de Buenos Aires donde el resonante caso de corrupción por la “cárcel fantasma” todavía no se aclaró.
Descascarados y sombríos muros contenían a unos cientos de presos que se encontraban aparentemente sin ninguna autoridad penitenciaria a la vista que los controlara, como debería ser.
De pronto se forma un remolino humano y crea una división de unos metros de distancia entre dos grupos y así de la nada, aparecen en las manos de algunos de ellos improvisados y rudimentarios sables, fabricados con filosos cuchillos adosados a palos de escobas. Y comenzó una batalla campal.
Los que combatían se protegían de los cortes envolviéndose parte del rostro y los brazos con trozos de frazadas, el ataque era feroz, sin miedo ni piedad. Alguien quebrantó el código carcelario y grabó con un celular lo que acontecía puertas adentro del infierno y las imágenes llegaron a la prensa.
La voz impersonal del periodista relataba el porque sucedían los hechos. Había ingresado un violador y según sus palabras, la batahola se debía a que esta era la forma en que se diputaban al que consideraban como botín de guerra y así cumplir con el destino del violador dentro de la cárcel. Pasará por los más infames vejámenes, vivirá en parte, el mismo horror que lo llevó a ese lugar. Es violador y asesino.
Esta persona que está siendo pugnada, en un par de años, según la voluntad del Juez que lo juzgue, puede estar en la calle nuevamente. La pregunta es ¿su paso por la prisión, lo humanizará o lo bestializará?
El mundo del absurdo sin fin. Ojo por ojo. El violador que es violado. El funcionario ciego, o peor, la doble moral del que tiene bien la visión y sabe de estos procedimientos carcelarios pero los permite, el mismo que después habla de la inadaptación de quienes pasan por la prisión y son considerados irrecuperables.
El hacinamiento y la promiscuidad en las prisiones. Algunas modernas, construidas recientemente, que ocasionan gastos que pagamos con impuestos todos los ciudadanos y están vacías, sin detenidos, mientras algunos se llevan el dinero del presupuesto destinado para el mantenimiento de las mismas a sus casas.
Lo vimos en una investigación en la TV, nos indignamos, pero pasó al olvido. En vez de políticas preventivas se combate el delito aumentando las penas y se descomprime la superpoblación carcelaria con prisión domiciliaria y pulseras de dudoso otorgamiento y control.
Y nosotros, la sociedad civilizada, los que nos llenamos la boca hablando de políticas publicas, escuchamos y aceptamos estos hechos sin hacer nada. El tan aludido derecho humano, debe cumplirse en todos los casos y no solamente en aquellos con los cuales comulgamos. El relato habla a las claras de la hipocresía de los responsables del sistema penitenciario, las falencias de la justicia y la liviandad de ciertos Fiscales y Jueces que hacen la vista gorda ante tantas aberraciones, y también ciudadanos, que solo se conmueven ante el grito de impotencia de Diego Torres en una película que trata la cuestión.
En la Argentina no existen suficientes especialistas en este tema que involucra, ni más ni menos, a la seguridad de todos, si esto no se revierte y se comienza a trabajar con los detenidos desde el momento que ingresan al sistema, un seguimiento dentro de la cárcel, donde deberían estar obligados a aprender un oficio, que les de la posibilidad de trabajar una vez en libertad, con políticas de empleo que los amparen para la verdadera reinserción en la sociedad, no tendremos para vivir el mundo que queremos y nos merecemos.
Cuando hablamos y nos quejamos de la inseguridad y delincuencia deberíamos considerar seriamente, ciertos hechos que por ser demasiados crudos y dolorosos a veces no nos detenemos a analizar, como el caso real que paso a relatarles.
La escena se desarrollaba dentro de un establecimiento penal de la provincia de Buenos Aires donde el resonante caso de corrupción por la “cárcel fantasma” todavía no se aclaró.
Descascarados y sombríos muros contenían a unos cientos de presos que se encontraban aparentemente sin ninguna autoridad penitenciaria a la vista que los controlara, como debería ser.
De pronto se forma un remolino humano y crea una división de unos metros de distancia entre dos grupos y así de la nada, aparecen en las manos de algunos de ellos improvisados y rudimentarios sables, fabricados con filosos cuchillos adosados a palos de escobas. Y comenzó una batalla campal.
Los que combatían se protegían de los cortes envolviéndose parte del rostro y los brazos con trozos de frazadas, el ataque era feroz, sin miedo ni piedad. Alguien quebrantó el código carcelario y grabó con un celular lo que acontecía puertas adentro del infierno y las imágenes llegaron a la prensa.
La voz impersonal del periodista relataba el porque sucedían los hechos. Había ingresado un violador y según sus palabras, la batahola se debía a que esta era la forma en que se diputaban al que consideraban como botín de guerra y así cumplir con el destino del violador dentro de la cárcel. Pasará por los más infames vejámenes, vivirá en parte, el mismo horror que lo llevó a ese lugar. Es violador y asesino.
Esta persona que está siendo pugnada, en un par de años, según la voluntad del Juez que lo juzgue, puede estar en la calle nuevamente. La pregunta es ¿su paso por la prisión, lo humanizará o lo bestializará?
El mundo del absurdo sin fin. Ojo por ojo. El violador que es violado. El funcionario ciego, o peor, la doble moral del que tiene bien la visión y sabe de estos procedimientos carcelarios pero los permite, el mismo que después habla de la inadaptación de quienes pasan por la prisión y son considerados irrecuperables.
El hacinamiento y la promiscuidad en las prisiones. Algunas modernas, construidas recientemente, que ocasionan gastos que pagamos con impuestos todos los ciudadanos y están vacías, sin detenidos, mientras algunos se llevan el dinero del presupuesto destinado para el mantenimiento de las mismas a sus casas.
Lo vimos en una investigación en la TV, nos indignamos, pero pasó al olvido. En vez de políticas preventivas se combate el delito aumentando las penas y se descomprime la superpoblación carcelaria con prisión domiciliaria y pulseras de dudoso otorgamiento y control.
Y nosotros, la sociedad civilizada, los que nos llenamos la boca hablando de políticas publicas, escuchamos y aceptamos estos hechos sin hacer nada. El tan aludido derecho humano, debe cumplirse en todos los casos y no solamente en aquellos con los cuales comulgamos. El relato habla a las claras de la hipocresía de los responsables del sistema penitenciario, las falencias de la justicia y la liviandad de ciertos Fiscales y Jueces que hacen la vista gorda ante tantas aberraciones, y también ciudadanos, que solo se conmueven ante el grito de impotencia de Diego Torres en una película que trata la cuestión.
En la Argentina no existen suficientes especialistas en este tema que involucra, ni más ni menos, a la seguridad de todos, si esto no se revierte y se comienza a trabajar con los detenidos desde el momento que ingresan al sistema, un seguimiento dentro de la cárcel, donde deberían estar obligados a aprender un oficio, que les de la posibilidad de trabajar una vez en libertad, con políticas de empleo que los amparen para la verdadera reinserción en la sociedad, no tendremos para vivir el mundo que queremos y nos merecemos.
martes, 29 de julio de 2008
inCAPACIDAD DE GESTION
Llevamos casi 8 meses de gestion pro en la ciudad de Buenos Aires, ¿llevamos casi 8 meses de gestion pro en la ciudad de Buenos Aires? NO LO PARECE...
Realmente el Ing. Mauricio Macri parece no gobernar la ciudad... No hay una politica diseñada ni pensada para gobernarla, se van haciendo cosas sobre la marcha y muchas de esas cosas son contraproducentes (la salida del bono de la ciudad por 1600 millones es el caso), no hay gestion, la educacion y la salud cada vez peor (ya estaban mal eh!!).
Si el queria utilizar la ciudad para trampolin al 2009 primero y al 2011 despues, esta tomando el camino equivocado. La gente el año que viene no le va a reconocer en las elecciones legislativas sus obras por la ciudad por que no las hay, por que no las ve...
Sin capacidad de gestion no se puede gobernar, no se puede llevar adelante un plan, eso es lo que falta!!, capacidad de gestion.
La capacidad de gestion el Ing. Macri penso que la iba a tener porque traia a amigos de empresas para ocupar distintos cargos, pero estos amigos se dieron cuenta que la realidad del gobierno estatal no era la misma que la de su empresa y que los procedimientos eran distintos, por muchos se bajaron y otros se estan bajando del barco...
El conflicto del gobierno nacional con el sector agropecuario, sirvieron de telon para que no podamos estar atentos a la situacion de nuestra ciudad. Pero el conflicto por ahora esta apagado y las luces de alerta sobre la gestion macrista se volvieron a encender.
Cuidado ingeniero! los vecinos y militantes de la ciudad seguimos esperando que empiece a gobernar para todos...
LA VERDAD QUE ESTA LINDA BUENOS AIRES, PERO MEJOR ESTARIA SI LA GOBERNARAN.
CHAU
SUERTE
JORGE
Realmente el Ing. Mauricio Macri parece no gobernar la ciudad... No hay una politica diseñada ni pensada para gobernarla, se van haciendo cosas sobre la marcha y muchas de esas cosas son contraproducentes (la salida del bono de la ciudad por 1600 millones es el caso), no hay gestion, la educacion y la salud cada vez peor (ya estaban mal eh!!).
Si el queria utilizar la ciudad para trampolin al 2009 primero y al 2011 despues, esta tomando el camino equivocado. La gente el año que viene no le va a reconocer en las elecciones legislativas sus obras por la ciudad por que no las hay, por que no las ve...
Sin capacidad de gestion no se puede gobernar, no se puede llevar adelante un plan, eso es lo que falta!!, capacidad de gestion.
La capacidad de gestion el Ing. Macri penso que la iba a tener porque traia a amigos de empresas para ocupar distintos cargos, pero estos amigos se dieron cuenta que la realidad del gobierno estatal no era la misma que la de su empresa y que los procedimientos eran distintos, por muchos se bajaron y otros se estan bajando del barco...
El conflicto del gobierno nacional con el sector agropecuario, sirvieron de telon para que no podamos estar atentos a la situacion de nuestra ciudad. Pero el conflicto por ahora esta apagado y las luces de alerta sobre la gestion macrista se volvieron a encender.
Cuidado ingeniero! los vecinos y militantes de la ciudad seguimos esperando que empiece a gobernar para todos...
LA VERDAD QUE ESTA LINDA BUENOS AIRES, PERO MEJOR ESTARIA SI LA GOBERNARAN.
CHAU
SUERTE
JORGE
viernes, 11 de julio de 2008
¿Sere un Boludo?
Las palabras del ex presidente en funciones Nestor Kirchner en la conferencia de prensa ofrecida ayer como presidente del PJ, no fueron mas que la simple demostracion de que realmente hay un "doble comando" y de que el ex presidente en funciones no es otra cosa que un mentiroso, si un mentiroso...
"Nosotros somos respetuosos de las instituciones, nosotros no agredimos a nadie, nosotros no patoteamos a nadie, nosotros respetamos al que piensa distinto, nosotros no cortamos calles..."
¿es creible esto?, yo quisiera imaginar que no es kirchner el que esta hablando, sino que es nito artaza imitandolo con ironia, o jose luis gioia contando un chiste, pero no!. Lamentablemente es el mismisimo ex presidente en funciones -como lo llama el Dr. Nelson Castro- quien pronuncia esas palabras.
Ahora bien, ¿nos vieron la cara? o ¿realmente lo somos?, este gobierno muchas veces da la impresion que subestima a la gente, que la trata de ignorante. Pareciera que en la isla gobierno nacional todo es distinto, que la inflacion no es la que se ve en las gondolas, que las valijas que entran vienen a hacer beneficencia, que las expresiones del pueblo no son validas, que el pensar distinto es querer desestabilizar y tramar un golpe de estado, que el querer marchar hacia la plaza de mayo esta prohibido ya que es de ellos, que los unicos boy scout son los"militantes" del fpv que acampan en el congreso con sus carpas.
Ante este panorama que nos plantea el co-gobierno nacional, no nos quedara otra, que como ciudadanos, como militantes, como jovenes, como hombres; Que hacernos oir, que hacernos respetar y demostrar que de eso tendremos la cara nomas. Tendremos que mostrar que estamos cansados que nos tomen el pelo y que nos desprecien.
Ojala el hartazgo por ese desprecio lo empiecen a mostrar nuestros senadores el proximo 16, votando realmente por sus provincias, por los pueblos que los eligieron y no por los aprietes o promesas que hagan los punteros del oficialismo...
Ojala empecemos a cambiar...
Si cambias vos, cambia el pais...
chau
suerte
jorge
"Nosotros somos respetuosos de las instituciones, nosotros no agredimos a nadie, nosotros no patoteamos a nadie, nosotros respetamos al que piensa distinto, nosotros no cortamos calles..."
¿es creible esto?, yo quisiera imaginar que no es kirchner el que esta hablando, sino que es nito artaza imitandolo con ironia, o jose luis gioia contando un chiste, pero no!. Lamentablemente es el mismisimo ex presidente en funciones -como lo llama el Dr. Nelson Castro- quien pronuncia esas palabras.
Ahora bien, ¿nos vieron la cara? o ¿realmente lo somos?, este gobierno muchas veces da la impresion que subestima a la gente, que la trata de ignorante. Pareciera que en la isla gobierno nacional todo es distinto, que la inflacion no es la que se ve en las gondolas, que las valijas que entran vienen a hacer beneficencia, que las expresiones del pueblo no son validas, que el pensar distinto es querer desestabilizar y tramar un golpe de estado, que el querer marchar hacia la plaza de mayo esta prohibido ya que es de ellos, que los unicos boy scout son los"militantes" del fpv que acampan en el congreso con sus carpas.
Ante este panorama que nos plantea el co-gobierno nacional, no nos quedara otra, que como ciudadanos, como militantes, como jovenes, como hombres; Que hacernos oir, que hacernos respetar y demostrar que de eso tendremos la cara nomas. Tendremos que mostrar que estamos cansados que nos tomen el pelo y que nos desprecien.
Ojala el hartazgo por ese desprecio lo empiecen a mostrar nuestros senadores el proximo 16, votando realmente por sus provincias, por los pueblos que los eligieron y no por los aprietes o promesas que hagan los punteros del oficialismo...
Ojala empecemos a cambiar...
Si cambias vos, cambia el pais...
chau
suerte
jorge
lunes, 7 de julio de 2008
LA ARTRUCHINA
Estamos hechos mierda. Despacito, por si no quedó claro: estamos hechos mierda. Nosotros, la Argentina, realmente hechos mierda.
Martín Caparrós
Estamos hechos mierda. Voy a decirlo despacito, por si no quedó claro: estamos hechos mierda. Ahora voy a repetirlo, por si acaso, en latín con acento francés: estamos hechos mierda. Nosotros, la Argentina, realmente hechos mierda. Y desafío a cualquiera que no esté de acuerdo a mirar en internet –si no lo vio en la tele– el video de ese alumno secundario que acosa a su maestra.La escena es aterradora. Quiero decir: aterradora. La imagen no es muy buena –pixelada, borrosa–, pero se ve a una señora de mediana edad, anteojos, pelo lacio, que habla, con un libro en la mano, de historia argentina: Rosas, Lavalle, la muerte de Dorrego. Y se ve a un muchacho –que, después sabremos, tiene 15 años– grandote, con una especie de delantal blanco y una gorra de béisbol al revés, que la maltrata.
El muchacho le agarra la cabeza, la despeina, le tapa la cara con un paraguas naranja, le baila delante, le echa polvo de tiza, la agarra de los hombros y los brazos, la zarandea, la sacude; la mujer mientras tanto sigue hablando, diciendo su lección, haciendo como si no pasara nada: simulando que enseña.La escena es aterradora, y es difícil mirarla sin pensar lo más pavo: que ese pibe es un cobarde que se aprovecha de una persona indefensa, que dan ganas de sentarlo de un trompazo.–¿Cómo indefensa? ¿No es la profesora?–Sí, es la profesora, y se la ve perfectamente indefensa.Después sabremos que, al final, como el video se vio mucho, expulsaron al muchacho y a otro compañero de la Escuela de Comercio N° 19 Juan Montalvo, en Caballito. A esta altura el dato es casi irrelevante: lo tremendo, en esa situación, es todo lo que el alumno hizo antes que la maestra agotara su paciencia y dejara de decir su lección de historia argentina, o sea: todo lo que esa mujer estaba dispuesta a soportar sin reaccionar, todo lo que debe ser corriente soportar en ese ámbito. Lo tremendo es esa breve percepción de lo que, en general, pasa a puertas cerradas.Nunca me consideré un moralista ni un defensor de las instituciones. Estoy, más bien, en contra. Por eso creo que es una pena, pero que hay relaciones que no funcionan sin cierto ejercicio de poder. La enseñanza es una de ellas: alguien –el alumno– cree que hay alguien –el maestro– que sabe más que él, que eso que sabe le interesa y que, por lo tanto, va a respetarlo y escucharlo.Ése sería la forma de consenso: así se relacionaban, supongamos, Platón y Sócrates, Agustín y Ambrosio, los alumnos de la cuarta división de cuarto año –promoción ’74– y nuestro profesor Raúl Aragón. Cuando el consenso no funciona –casi siempre–, aparece la institución, que impone esta relación de poder definiendo un papel para el alumno y otro para el profesor.Aquí, en esta escena, está claro que no hay consenso ni hay institución. Por un lado, parece obvio que esa escuela no produce esas relaciones. Por otro, se ve que ese muchacho no tiene el menor interés en lo que está sucediendo, que nadie ni nada consiguió convencerlo de que aprender o al menos escuchar lo que le dicen pueda servirle para nada. Que está ahí sólo porque lo obligan. Y que la maestra no tiene forma de cortar una situación que hace mucho que se volvió humillante.
Insisto: estoy, en principio, contra cualquier ejercicio de autoridad. Pero entiendo la diferencia entre la autoridad que proviene de un acuerdo o del funcionamiento de una institución, y la que aparece cuando nada de eso funciona. Entonces lo único que queda es la histeria y el autoritarismo: ese muchacho es un monstruo, sanciónenlo, échenlo, tírenlo a los perros. Es cierto que, viéndolo, dan ganas. Pero no sirve para nada. Y, sobre todo, se estaría castigando a la víctima, no al culpable.Culpables somos todos, en grados diferentes. Últimamente resulta de buen tono adjudicarse culpas de lo que pasa en la Argentina. Y es cierto que todos las tenemos, pero no es lo mismo la culpa del que se hizo el boludo que la del que se opuso a muchas cosas, la del que nunca pudo influir que la del que gobierna, gobernó, tiene poderes. La culpa para todos es una forma seudoastuta de culpa para nadie.Pero en este caso la culpa general, con sus grados y sus diferencias, consiste en que todos seguimos jugando a nuestro deporte favorito: la Artruchina. Jugamos a la Artruchina todo el tiempo, aunque a veces simulemos que hacemos otras cosas. Porque la Artruchina consiste, precisamente, en simular: en seguir simulando que somos un país. En ese país hay un simulacro de Estado que recauda lo que puede –con los especuladores financieros, por ejemplo, no puede– para poder sostener sus simulacros de educación, simulacros de salud, simulacros de justicia, simulacros de participación política. Y todos jugamos, nos hacemos los osos –en el fútbol, la gambeta es básica; en la Artruchina, nada es tan necesario como saber hacerse el pelotudo– y así vamos, hasta que de pronto, por errores, quedamos frente a un fragmento de realidad como este video, que nos muestra lo que hay detrás de esas fachadas con una bandera, un escudo y un cartel que dice escuela.Entonces lo miramos, nos indignamos, lo olvidamos –en el fútbol, la pegada es básica; en la Artruchina, nada es tan necesario como olvidar en pocas horas– y seguimos viaje: seguimos simulando que somos un país, que hay un Estado, que tenemos escuelas, hospitales, justicia, esas pavadas.
A eso jugamos, y se diría que nos divertimos: Artruchina se la banca. Es una posibilidad. La otra sería pensar que no podemos seguir jugando a este juego pedorro, y ver qué hacemos. Aunque puede ser un poco complicado. Quizá nos resulte más fácil seguir yéndonos a la mierda en bote. Total, el viaje es largo y ya tenemos la nariz tapada.
chau
suerte
jorge
Martín Caparrós
Estamos hechos mierda. Voy a decirlo despacito, por si no quedó claro: estamos hechos mierda. Ahora voy a repetirlo, por si acaso, en latín con acento francés: estamos hechos mierda. Nosotros, la Argentina, realmente hechos mierda. Y desafío a cualquiera que no esté de acuerdo a mirar en internet –si no lo vio en la tele– el video de ese alumno secundario que acosa a su maestra.La escena es aterradora. Quiero decir: aterradora. La imagen no es muy buena –pixelada, borrosa–, pero se ve a una señora de mediana edad, anteojos, pelo lacio, que habla, con un libro en la mano, de historia argentina: Rosas, Lavalle, la muerte de Dorrego. Y se ve a un muchacho –que, después sabremos, tiene 15 años– grandote, con una especie de delantal blanco y una gorra de béisbol al revés, que la maltrata.
El muchacho le agarra la cabeza, la despeina, le tapa la cara con un paraguas naranja, le baila delante, le echa polvo de tiza, la agarra de los hombros y los brazos, la zarandea, la sacude; la mujer mientras tanto sigue hablando, diciendo su lección, haciendo como si no pasara nada: simulando que enseña.La escena es aterradora, y es difícil mirarla sin pensar lo más pavo: que ese pibe es un cobarde que se aprovecha de una persona indefensa, que dan ganas de sentarlo de un trompazo.–¿Cómo indefensa? ¿No es la profesora?–Sí, es la profesora, y se la ve perfectamente indefensa.Después sabremos que, al final, como el video se vio mucho, expulsaron al muchacho y a otro compañero de la Escuela de Comercio N° 19 Juan Montalvo, en Caballito. A esta altura el dato es casi irrelevante: lo tremendo, en esa situación, es todo lo que el alumno hizo antes que la maestra agotara su paciencia y dejara de decir su lección de historia argentina, o sea: todo lo que esa mujer estaba dispuesta a soportar sin reaccionar, todo lo que debe ser corriente soportar en ese ámbito. Lo tremendo es esa breve percepción de lo que, en general, pasa a puertas cerradas.Nunca me consideré un moralista ni un defensor de las instituciones. Estoy, más bien, en contra. Por eso creo que es una pena, pero que hay relaciones que no funcionan sin cierto ejercicio de poder. La enseñanza es una de ellas: alguien –el alumno– cree que hay alguien –el maestro– que sabe más que él, que eso que sabe le interesa y que, por lo tanto, va a respetarlo y escucharlo.Ése sería la forma de consenso: así se relacionaban, supongamos, Platón y Sócrates, Agustín y Ambrosio, los alumnos de la cuarta división de cuarto año –promoción ’74– y nuestro profesor Raúl Aragón. Cuando el consenso no funciona –casi siempre–, aparece la institución, que impone esta relación de poder definiendo un papel para el alumno y otro para el profesor.Aquí, en esta escena, está claro que no hay consenso ni hay institución. Por un lado, parece obvio que esa escuela no produce esas relaciones. Por otro, se ve que ese muchacho no tiene el menor interés en lo que está sucediendo, que nadie ni nada consiguió convencerlo de que aprender o al menos escuchar lo que le dicen pueda servirle para nada. Que está ahí sólo porque lo obligan. Y que la maestra no tiene forma de cortar una situación que hace mucho que se volvió humillante.
Insisto: estoy, en principio, contra cualquier ejercicio de autoridad. Pero entiendo la diferencia entre la autoridad que proviene de un acuerdo o del funcionamiento de una institución, y la que aparece cuando nada de eso funciona. Entonces lo único que queda es la histeria y el autoritarismo: ese muchacho es un monstruo, sanciónenlo, échenlo, tírenlo a los perros. Es cierto que, viéndolo, dan ganas. Pero no sirve para nada. Y, sobre todo, se estaría castigando a la víctima, no al culpable.Culpables somos todos, en grados diferentes. Últimamente resulta de buen tono adjudicarse culpas de lo que pasa en la Argentina. Y es cierto que todos las tenemos, pero no es lo mismo la culpa del que se hizo el boludo que la del que se opuso a muchas cosas, la del que nunca pudo influir que la del que gobierna, gobernó, tiene poderes. La culpa para todos es una forma seudoastuta de culpa para nadie.Pero en este caso la culpa general, con sus grados y sus diferencias, consiste en que todos seguimos jugando a nuestro deporte favorito: la Artruchina. Jugamos a la Artruchina todo el tiempo, aunque a veces simulemos que hacemos otras cosas. Porque la Artruchina consiste, precisamente, en simular: en seguir simulando que somos un país. En ese país hay un simulacro de Estado que recauda lo que puede –con los especuladores financieros, por ejemplo, no puede– para poder sostener sus simulacros de educación, simulacros de salud, simulacros de justicia, simulacros de participación política. Y todos jugamos, nos hacemos los osos –en el fútbol, la gambeta es básica; en la Artruchina, nada es tan necesario como saber hacerse el pelotudo– y así vamos, hasta que de pronto, por errores, quedamos frente a un fragmento de realidad como este video, que nos muestra lo que hay detrás de esas fachadas con una bandera, un escudo y un cartel que dice escuela.Entonces lo miramos, nos indignamos, lo olvidamos –en el fútbol, la pegada es básica; en la Artruchina, nada es tan necesario como olvidar en pocas horas– y seguimos viaje: seguimos simulando que somos un país, que hay un Estado, que tenemos escuelas, hospitales, justicia, esas pavadas.
A eso jugamos, y se diría que nos divertimos: Artruchina se la banca. Es una posibilidad. La otra sería pensar que no podemos seguir jugando a este juego pedorro, y ver qué hacemos. Aunque puede ser un poco complicado. Quizá nos resulte más fácil seguir yéndonos a la mierda en bote. Total, el viaje es largo y ya tenemos la nariz tapada.
chau
suerte
jorge
lunes, 23 de junio de 2008
Pasados De Moda
Las aguas se han calmado, ha pasado mucha agua bajo el puente, han pasado 100 dias de un conflicto inusual, inesperado, insolito e incomprensible por momentos...
La decision de nuestra presidenta de enviar en forma de proyecto de ley, las retenciones moviles impuestas hace 100 dias por medio de un decreto, parece haber calmado el clima en nuestro pais. Clima que llego a estar muy caliente el lunes 16 por la noche con un cacerolazo a nivel nacional. Al otro dia la mismisima presidenta en cadena nacional anunciaria el envio del proyecto al parlamento. Decisión acertada por cierto, la sociedad pedia una apertura del juego politico y una apertura del congreso sobre todo, que desde el 2003 parece estar pintado.
Los relinchos del vicepresidente, Julio Cobos, parecen haber despertado un cierto malestar en la casa rosada, pero en algun momento el hombre tenia que salir de la jaula.
Ahora bien, durante los 100 dias del conflicto, de la falta de dialogo, de la soberbia y del desencuentro podemos sacar una conclusión muy clara.
El gobierno parece ensañado en resaltar la existencia de un intento de golpe de estado, comandado por oligarcas, gorilas, golpistas, etc... Una persona, por ejemplo, que no esta a favor ni del gobierno, ni del campo, que no es gorila, que no es golpista, que no es oligarca, ¿Es un excluido social? Para este gobierno parece ser que si, no acepta otras opiniones.
Lo que el gobierno no aprendio y no va a aprender es que la sociedad argentina cambio, en un juicio historico, como el de las juntas militares, dijo NUNCA MAS. Y que de repente palabras como gorilas, oligarcas, golpistas hacen mucho mal al pais y a la sociedad que ya sabe como termino la historia la ultima vez que se pronunciaron esas palabras, o que un sector politico, se dirigia a otro sector de la sociedad alla por los años '70.
Por eso señores gobernantes, los jovenes de este pais, la nueva generacion, pedimos por favor, basta de agravios, basta de confrontacion, basta de desuniones. Tengamos en claro las transformaciones sociales y no volvamos atras.
CHAU
SUERTE
JORGE
La decision de nuestra presidenta de enviar en forma de proyecto de ley, las retenciones moviles impuestas hace 100 dias por medio de un decreto, parece haber calmado el clima en nuestro pais. Clima que llego a estar muy caliente el lunes 16 por la noche con un cacerolazo a nivel nacional. Al otro dia la mismisima presidenta en cadena nacional anunciaria el envio del proyecto al parlamento. Decisión acertada por cierto, la sociedad pedia una apertura del juego politico y una apertura del congreso sobre todo, que desde el 2003 parece estar pintado.
Los relinchos del vicepresidente, Julio Cobos, parecen haber despertado un cierto malestar en la casa rosada, pero en algun momento el hombre tenia que salir de la jaula.
Ahora bien, durante los 100 dias del conflicto, de la falta de dialogo, de la soberbia y del desencuentro podemos sacar una conclusión muy clara.
El gobierno parece ensañado en resaltar la existencia de un intento de golpe de estado, comandado por oligarcas, gorilas, golpistas, etc... Una persona, por ejemplo, que no esta a favor ni del gobierno, ni del campo, que no es gorila, que no es golpista, que no es oligarca, ¿Es un excluido social? Para este gobierno parece ser que si, no acepta otras opiniones.
Lo que el gobierno no aprendio y no va a aprender es que la sociedad argentina cambio, en un juicio historico, como el de las juntas militares, dijo NUNCA MAS. Y que de repente palabras como gorilas, oligarcas, golpistas hacen mucho mal al pais y a la sociedad que ya sabe como termino la historia la ultima vez que se pronunciaron esas palabras, o que un sector politico, se dirigia a otro sector de la sociedad alla por los años '70.
Por eso señores gobernantes, los jovenes de este pais, la nueva generacion, pedimos por favor, basta de agravios, basta de confrontacion, basta de desuniones. Tengamos en claro las transformaciones sociales y no volvamos atras.
CHAU
SUERTE
JORGE
jueves, 29 de mayo de 2008
¿La autodisolución del kirchnerismo?
La historia está plagada de ejemplos de coaliciones que se autodisolvieron por insistir en sus estrategias iniciales cuando las condiciones de su eficacia ya habían perimido. En ese cementerio yacen, por ejemplo, el Partido Laborista británico de los años '70 y '80, la socialdemocracia alemana de la misma época, los partidos socialista y democristiano italianos y, más cercanamente, el peronismo setentista en todas sus vertientes, que fuera liquidado por la derrota electoral de 1983, y la UCR desde 1987. A ese destino parece encaminarse, sin pausa y quizás con prisa, el kirchnerismo tal como se lo conoció desde 2003.
Como aquellos ilustres predecesores, el kirchnerismo supo articular, inicialmente, una estrategia exitosa para gobernar. La estrategia consistía en combinar la maximización del crecimiento económico con la centralización del federalismo. Maximizar el crecimiento económico permitía, simultáneamente, reducir la pobreza y la desocupación, recuperar el consumo y el nivel de vida de las clases medias, reactivar las economías regionales y, decisivamente, rellenar las arcas fiscales depredadas por el colapso de la convertibilidad.
Pero la maximización del crecimiento no producía por sí misma algo que el kirchnerismo necesitaba con urgencia: una coalición política que reconociera su liderazgo. Ello al menos por dos razones.
Una, que estaba claro desde el principio para los actores económicos más influyentes que el esquema macroeconómico de tipo de cambio real competitivo no podría sostenerse sin intervención estatal que contuviera, moderara o encauzara algunas de sus consecuencias, y esa intervención requería asignar costos y beneficios de maneras no necesariamente consistentes con su distribución inicial.
La otra, que una vez satisfechas las demandas iniciales de reactivación económica y mejora del nivel de vida que la maximización del crecimiento podría proveer, algunos de los sectores beneficiados podrían generar demandas cuya satisfacción escaparía al dispositivo económico.
Para responder a estos desafíos resultaba instrumental la centralización del federalismo. Concentrando la recaudación y el manejo de los recursos fiscales en la Presidencia –a través de las retenciones, los poderes presupuestarios delegados por el Congreso y los decretos de necesidad y urgencia–, el kirchnerismo tendría recursos y atribuciones como para subsidiar las distorsiones generadas por la maximización del crecimiento, reciclar esa maximización por medio del incentivo al consumo y, especialmente, disciplinar a gobernadores e intendentes de modo de obtener margen para introducir en la agenda nuevos tópicos que le permitieran ampliar y solidificar sus bases de sustentación.
Esos tópicos fueron, fundamentalmente, la reforma de la Corte Suprema de Justicia, los juicios por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura, y el declive de la cultura política peronista.
Con esta estrategia, el kirchnerismo se propuso conservar una base de apoyo en el electorado peronista clásico y, a la vez, ampliarla y contrapesarla con la incorporación de sectores de clase media. Bajo el nombre de Transversalidad primero y de Concertación Plural después, la estrategia fue exitosa en ampliar el caudal electoral del 22% de 2003 al 38% de 2005 y el 45% de 2007, así como también en fracturar a los partidos cuyo electorado residía precisamente en esas capas medias: la UCR, el Partido Socialista y el ARI.
Pero a partir de 2006, esa estrategia inicialmente exitosa comenzó a mostrar, como fantasmas ancestrales que insistían en acechar, las limitaciones que portaba de origen.
Del lado económico, la maximización del crecimiento –a través del sostenimiento del tipo de cambio real competitivo, los subsidios, los congelamientos de tarifas y los aumentos de salarios y jubilaciones– comenzó a generar presiones inflacionarias cuya persistencia ensombreció el horizonte del esquema macroeconómico.
Del costado político, las demandas no representadas, especialmente en las clases medias urbanas, sorprendieron al kirchnerismo sin inventiva política ni capacidad de adaptación y resultaron en las victorias locales de Mauricio Macri y Hermes Binner, así como de algunos dirigentes peronistas manifiestamente no preferidos por el elenco gobernante.
Ante estos desafíos, el kirchnerismo optó por replicar su estrategia inicial: mantener a toda máquina la maximización del crecimiento, continuar la centralización del federalismo para seguir disciplinando a dirigentes locales y definir su propio lugar simbólico como el de un "gobierno nacional, popular y progresista", enfrentado a una derecha más o menos difusa pero claramente identificada con el neoliberalismo y la dictadura militar.
Pero ocurrió que los procedimientos empleados para replicar la estrategia inicial resultaron contraproducentes.
El fuerte incremento del gasto público en el año electoral 2007, destinado a conservar la red de subsidios, congelamientos y compensaciones en que se sostiene el esquema macroeconómico, contribuyó no sólo a deteriorar la posición fiscal del Tesoro nacional sino también a incrementar las presiones inflacionarias. La táctica de destruir el sistema estadístico del país para dificultar la formación de expectativas de inflación sirvió para galvanizar esas expectativas. Y el manejo del conflicto con el sector agrario terminó por alienar apoyos clave de clase media, soliviantar a los líderes locales antes disciplinados y poner en riesgo el corazón mismo de la estrategia kirchnerista: la fuente del superávit fiscal.
Al imponer retenciones móviles a la exportación de los cultivos más rentables y expandidos de la actualidad, el Gobierno logró empujar a la rebelión a buena parte de los votantes de clase media rural que, tanto por medio del peronismo como del radicalismo K, habían nutrido su coalición electoral de octubre pasado.
Al insistir en enmarcar la protesta agraria en la matriz discursiva de oposición entre el "gobierno popular" y la "oligarquía", entre el "pueblo" y la "derecha golpista", el kirchnerismo consiguió activar cacerolazos y movilizaciones opositoras tanto en la Capital como en los principales centros urbanos de las provincias más afectadas por las retenciones móviles, que son, para peor, las más populosas y poderosas electoralmente.
Al empeñarse en utilizar las retenciones como instrumento para mejorar su posición fiscal luego del rally de gasto electoral de 2007, del fracaso de su política de control de la inflación y en previsión de posibles contagios de la crisis financiera internacional, el oficialismo cargó el peso del ajuste fiscal sobre el sector productivo más dinámico del momento y reactivó así el poder y la influencia de los gobernadores e intendentes que había mantenido disciplinados.
Todos estos actores, hasta ahora neutralizados o contenidos por la estrategia kirchnerista, parecen haberse desentumecido con el conflicto, y ensayan rumbos distintos de, y conflictivos con, los del oficialismo.
Los líderes locales, que como todo político desean ganar elecciones, enfrentarán de ahora en adelante la presión firme de sus bases electorales para, si no desmontar las retenciones móviles, al menos obtener el retorno de una parte de ellas bajo reglas formalmente establecidas y de cumplimiento obligatorio para el Gobierno nacional, recursos que permitan mejorar la infraestructura, la educación, la salud; todas asignaturas pendientes en el país en general y, particularmente, en las zonas rurales.
Los productores agrarios, que tienen sus inversiones y sus ganancias futuras en riesgo, estarán alertas al despliegue de la batería de compensaciones ofrecida por el Gobierno para terminar el conflicto, compensaciones en las que, razonablemente, no creen, ya que cuando se dispusieron para el sector lechero quedaron, por la naturaleza administrativa y fiscal de su trámite burocrático, mayoritariamente en manos de las grandes empresas lácteas.
Las clases medias urbanas previamente reacias al kirchnerismo, que han visto confirmados sus peores temores con los últimos gestos gubernamentales, se encontrarán prestas a manifestar su descontento ante cada intento oficialista de continuar con las fracasadas políticas de control de precios, así como de caracterizarlas como el monstruo derechista y golpista que, en su mayoría, distan de ser.
Las clases medias rurales, que supieron adherir a la propuesta electoral del Gobierno que manteniendo el tipo de cambio real competitivo había posibilitado sus extraordinarias ganancias de estos años, se hallarán crecientemente dispuestas a impugnar a ese mismo gobierno que ahora les incrementa la presión tributaria a niveles también extraordinarios, les compensa de manera tardía e ineficiente parte de sus costos por lo demás en aumento, y los califica de enemigos del pueblo.
Así las cosas, de seguir insistiendo en su estrategia inicial, el kirchnerismo probablemente termine uniéndose al cementerio de las coaliciones políticas fracasadas. Podría, no obstante, escapar de este camino de autodisolución.
Bastaría, para ello, la virtud política de reconocer las limitaciones de sus propios cursos de acción, los errores de su ejecución, las fallas constitutivas de los diagnósticos con que se encaró la repetición de la estrategia inicial ante la acumulación de signos de su agotamiento.
Esa virtud no es, precisamente, lo que ha podido detectarse en los discursos presidenciales ni en las movilizaciones oficialistas de los días pasados. Los discursos parecieron menos orientados a persuadir a sus ostensibles destinatarios que a convencer a sus enunciadores. Las movilizaciones parecieron menos dirigidas a reparar y galvanizar la coalición deseada por el kirchnerismo que a encuadrarla a fuerza de retos y de palos.
Por mucho que se haya deseado e intentado inscribirlos en una épica de época que por cierto parece vigente y rescatable en sus categorías sólo para un núcleo duro de nostálgicos apoyos, ni esos discursos ni esas movilizaciones se asemejan a ninguna fiesta popular de liberación de la patria colonizada o amenazada por la derecha golpista, sino más bien a la confusión rabiosa de quienes se obstinan en reprobar a la realidad cuando ésta no se ajusta a sus deseos.
El problema es que para desplegar la virtud política que hace falta, el kirchnerismo necesitaría balancear la firmeza y la precaución de modo de no perder autoridad, como un equilibrista sobre un alambre de púas. Sólo cabe esperar que el equilibrista tenga el buen sentido de no saltar ante cada pinchazo, y que sus compañeros no hayan quitado la red de abajo.
CHAU
SUERTE
JORGE
Como aquellos ilustres predecesores, el kirchnerismo supo articular, inicialmente, una estrategia exitosa para gobernar. La estrategia consistía en combinar la maximización del crecimiento económico con la centralización del federalismo. Maximizar el crecimiento económico permitía, simultáneamente, reducir la pobreza y la desocupación, recuperar el consumo y el nivel de vida de las clases medias, reactivar las economías regionales y, decisivamente, rellenar las arcas fiscales depredadas por el colapso de la convertibilidad.
Pero la maximización del crecimiento no producía por sí misma algo que el kirchnerismo necesitaba con urgencia: una coalición política que reconociera su liderazgo. Ello al menos por dos razones.
Una, que estaba claro desde el principio para los actores económicos más influyentes que el esquema macroeconómico de tipo de cambio real competitivo no podría sostenerse sin intervención estatal que contuviera, moderara o encauzara algunas de sus consecuencias, y esa intervención requería asignar costos y beneficios de maneras no necesariamente consistentes con su distribución inicial.
La otra, que una vez satisfechas las demandas iniciales de reactivación económica y mejora del nivel de vida que la maximización del crecimiento podría proveer, algunos de los sectores beneficiados podrían generar demandas cuya satisfacción escaparía al dispositivo económico.
Para responder a estos desafíos resultaba instrumental la centralización del federalismo. Concentrando la recaudación y el manejo de los recursos fiscales en la Presidencia –a través de las retenciones, los poderes presupuestarios delegados por el Congreso y los decretos de necesidad y urgencia–, el kirchnerismo tendría recursos y atribuciones como para subsidiar las distorsiones generadas por la maximización del crecimiento, reciclar esa maximización por medio del incentivo al consumo y, especialmente, disciplinar a gobernadores e intendentes de modo de obtener margen para introducir en la agenda nuevos tópicos que le permitieran ampliar y solidificar sus bases de sustentación.
Esos tópicos fueron, fundamentalmente, la reforma de la Corte Suprema de Justicia, los juicios por violaciones a los derechos humanos en la última dictadura, y el declive de la cultura política peronista.
Con esta estrategia, el kirchnerismo se propuso conservar una base de apoyo en el electorado peronista clásico y, a la vez, ampliarla y contrapesarla con la incorporación de sectores de clase media. Bajo el nombre de Transversalidad primero y de Concertación Plural después, la estrategia fue exitosa en ampliar el caudal electoral del 22% de 2003 al 38% de 2005 y el 45% de 2007, así como también en fracturar a los partidos cuyo electorado residía precisamente en esas capas medias: la UCR, el Partido Socialista y el ARI.
Pero a partir de 2006, esa estrategia inicialmente exitosa comenzó a mostrar, como fantasmas ancestrales que insistían en acechar, las limitaciones que portaba de origen.
Del lado económico, la maximización del crecimiento –a través del sostenimiento del tipo de cambio real competitivo, los subsidios, los congelamientos de tarifas y los aumentos de salarios y jubilaciones– comenzó a generar presiones inflacionarias cuya persistencia ensombreció el horizonte del esquema macroeconómico.
Del costado político, las demandas no representadas, especialmente en las clases medias urbanas, sorprendieron al kirchnerismo sin inventiva política ni capacidad de adaptación y resultaron en las victorias locales de Mauricio Macri y Hermes Binner, así como de algunos dirigentes peronistas manifiestamente no preferidos por el elenco gobernante.
Ante estos desafíos, el kirchnerismo optó por replicar su estrategia inicial: mantener a toda máquina la maximización del crecimiento, continuar la centralización del federalismo para seguir disciplinando a dirigentes locales y definir su propio lugar simbólico como el de un "gobierno nacional, popular y progresista", enfrentado a una derecha más o menos difusa pero claramente identificada con el neoliberalismo y la dictadura militar.
Pero ocurrió que los procedimientos empleados para replicar la estrategia inicial resultaron contraproducentes.
El fuerte incremento del gasto público en el año electoral 2007, destinado a conservar la red de subsidios, congelamientos y compensaciones en que se sostiene el esquema macroeconómico, contribuyó no sólo a deteriorar la posición fiscal del Tesoro nacional sino también a incrementar las presiones inflacionarias. La táctica de destruir el sistema estadístico del país para dificultar la formación de expectativas de inflación sirvió para galvanizar esas expectativas. Y el manejo del conflicto con el sector agrario terminó por alienar apoyos clave de clase media, soliviantar a los líderes locales antes disciplinados y poner en riesgo el corazón mismo de la estrategia kirchnerista: la fuente del superávit fiscal.
Al imponer retenciones móviles a la exportación de los cultivos más rentables y expandidos de la actualidad, el Gobierno logró empujar a la rebelión a buena parte de los votantes de clase media rural que, tanto por medio del peronismo como del radicalismo K, habían nutrido su coalición electoral de octubre pasado.
Al insistir en enmarcar la protesta agraria en la matriz discursiva de oposición entre el "gobierno popular" y la "oligarquía", entre el "pueblo" y la "derecha golpista", el kirchnerismo consiguió activar cacerolazos y movilizaciones opositoras tanto en la Capital como en los principales centros urbanos de las provincias más afectadas por las retenciones móviles, que son, para peor, las más populosas y poderosas electoralmente.
Al empeñarse en utilizar las retenciones como instrumento para mejorar su posición fiscal luego del rally de gasto electoral de 2007, del fracaso de su política de control de la inflación y en previsión de posibles contagios de la crisis financiera internacional, el oficialismo cargó el peso del ajuste fiscal sobre el sector productivo más dinámico del momento y reactivó así el poder y la influencia de los gobernadores e intendentes que había mantenido disciplinados.
Todos estos actores, hasta ahora neutralizados o contenidos por la estrategia kirchnerista, parecen haberse desentumecido con el conflicto, y ensayan rumbos distintos de, y conflictivos con, los del oficialismo.
Los líderes locales, que como todo político desean ganar elecciones, enfrentarán de ahora en adelante la presión firme de sus bases electorales para, si no desmontar las retenciones móviles, al menos obtener el retorno de una parte de ellas bajo reglas formalmente establecidas y de cumplimiento obligatorio para el Gobierno nacional, recursos que permitan mejorar la infraestructura, la educación, la salud; todas asignaturas pendientes en el país en general y, particularmente, en las zonas rurales.
Los productores agrarios, que tienen sus inversiones y sus ganancias futuras en riesgo, estarán alertas al despliegue de la batería de compensaciones ofrecida por el Gobierno para terminar el conflicto, compensaciones en las que, razonablemente, no creen, ya que cuando se dispusieron para el sector lechero quedaron, por la naturaleza administrativa y fiscal de su trámite burocrático, mayoritariamente en manos de las grandes empresas lácteas.
Las clases medias urbanas previamente reacias al kirchnerismo, que han visto confirmados sus peores temores con los últimos gestos gubernamentales, se encontrarán prestas a manifestar su descontento ante cada intento oficialista de continuar con las fracasadas políticas de control de precios, así como de caracterizarlas como el monstruo derechista y golpista que, en su mayoría, distan de ser.
Las clases medias rurales, que supieron adherir a la propuesta electoral del Gobierno que manteniendo el tipo de cambio real competitivo había posibilitado sus extraordinarias ganancias de estos años, se hallarán crecientemente dispuestas a impugnar a ese mismo gobierno que ahora les incrementa la presión tributaria a niveles también extraordinarios, les compensa de manera tardía e ineficiente parte de sus costos por lo demás en aumento, y los califica de enemigos del pueblo.
Así las cosas, de seguir insistiendo en su estrategia inicial, el kirchnerismo probablemente termine uniéndose al cementerio de las coaliciones políticas fracasadas. Podría, no obstante, escapar de este camino de autodisolución.
Bastaría, para ello, la virtud política de reconocer las limitaciones de sus propios cursos de acción, los errores de su ejecución, las fallas constitutivas de los diagnósticos con que se encaró la repetición de la estrategia inicial ante la acumulación de signos de su agotamiento.
Esa virtud no es, precisamente, lo que ha podido detectarse en los discursos presidenciales ni en las movilizaciones oficialistas de los días pasados. Los discursos parecieron menos orientados a persuadir a sus ostensibles destinatarios que a convencer a sus enunciadores. Las movilizaciones parecieron menos dirigidas a reparar y galvanizar la coalición deseada por el kirchnerismo que a encuadrarla a fuerza de retos y de palos.
Por mucho que se haya deseado e intentado inscribirlos en una épica de época que por cierto parece vigente y rescatable en sus categorías sólo para un núcleo duro de nostálgicos apoyos, ni esos discursos ni esas movilizaciones se asemejan a ninguna fiesta popular de liberación de la patria colonizada o amenazada por la derecha golpista, sino más bien a la confusión rabiosa de quienes se obstinan en reprobar a la realidad cuando ésta no se ajusta a sus deseos.
El problema es que para desplegar la virtud política que hace falta, el kirchnerismo necesitaría balancear la firmeza y la precaución de modo de no perder autoridad, como un equilibrista sobre un alambre de púas. Sólo cabe esperar que el equilibrista tenga el buen sentido de no saltar ante cada pinchazo, y que sus compañeros no hayan quitado la red de abajo.
CHAU
SUERTE
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