Como lo hago habitualmente, me dispuse a viajar en la línea 118 desde san Cristóbal hasta recoleta. Era la primera vez que iba a viajar con la doble mano de Pueyrredon. Antes el viaje duraba entre 30 y 35 minutos. Ahora con el congestionamiento que se produce en las adyacencias de la avenida tardo 1 hora ( y ni hablar si alguna vez se siguen las obras de la línea H de subte).
Esto me hizo pensar en la “gestión” del Ing. Macri, que con su proyección cortoplacista no parece darse cuenta que está al frente de la ciudad de Buenos Aires.
Luego de escuchar su discurso en la legislatura, en donde el Ing. no hizo mención ni a seguridad, ni educación, ni salud, pero sí hizo mención a la poda de árboles, restauración de veredas, asfaltado de calles, etc. me termino de redondear la idea de que al jefe de gobierno le falta visión estratégica y no utiliza el poder del estado para amalgamar a la sociedad que le toca gobernar.
ESTARIA BUENO que los habitantes de la ciudad además de caminar por calles limpias y arregladas, que los autos anden por calles asfaltadas, como debería ser la preocupación de cualquier delegado de cgp, los porteños NO tengamos que ir a las 4 de la mañana a un hospital público a buscar un turno y que nuestros chicos tengan los 180 días de clase, que no sufran frio en sus escuelas, y que no se desordene mas el transito.
También sería interesante tener un jefe de gobierno que tenga una visión mas amplia que su periodo gubernamental, sin sospechas de demagogia. Las obras son muy lindas, pero no solucionan los problemas de fondo, que son mas graves y con lamentables consecuencias en el futuro post Macri.
Pero esto es demasiado pedir para un candidato que solo quiere de nuestra ciudad un trampolín para llegar a la presidencia, por ende no interesan los proyectos de ciudad a largo plazo, ni interesan los problemas de años que arrastramos los porteños.
Jorge Kehiayan
martes, 3 de marzo de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
Naufragando... cada vez mas cerca de la orilla
Definitivamente el gobierno nacional no aprendió de los golpes que se dio en este año y monedas del mandato cristinista, sigue dando claras muestras de autismo, arrogancia y soberbia (característica principal del matrimonio presidencial).
El dilatado conflicto entre el agro y nuestros gobernantes no hace mas que demostrar que no hay intención de dialogo, no hay intención de subsanar errores; Pero lo que si demuestra, es la incapacidad de reflexión y autocrítica que tiene el matrimonio.
El ninguneo a la figura del Vice-presidente con la reciente retirada de granaderos de yapeyú (lugar que Cobos visitara) y el envió al mejor estilo “paquete” del vice a Europa justo en época de apertura de sesiones legislativas, terminan por agrandar una figura que no merece mas espacio que el que tiene.
Seguramente el mes de octubre marque un punto de inflexión en la vida gubernamental, cambios legislativos y cambios sociales esperan poder empezar a abrir un gobierno, haciéndole ver que llego el momento de gobernar con todos y consensuar políticas para que el país salga nuevamente adelante. Solo estos cambios pueden hacerlo, pero si el gobierno no toma nota de todos los traspiés y no comprende la situación, difícilmente se pueda llegar a esos puntos de acuerdo a donde la Argentina debe llegar para su bicentenario.
En las próximas elecciones quizás se le diga basta a una manera de hacer política, a una manera de manejar los destinos del país, que vemos no lleva a ningún lugar mas que el aislamiento, la soledad y el encierro de sus protagonistas.
Las elecciones del mes de octubre tienen que determinar el próximo proyecto de país que queremos los argentinos. Después de todo de eso se trata, de PENSAR UN PAIS.
Jorge kehiayan
El dilatado conflicto entre el agro y nuestros gobernantes no hace mas que demostrar que no hay intención de dialogo, no hay intención de subsanar errores; Pero lo que si demuestra, es la incapacidad de reflexión y autocrítica que tiene el matrimonio.
El ninguneo a la figura del Vice-presidente con la reciente retirada de granaderos de yapeyú (lugar que Cobos visitara) y el envió al mejor estilo “paquete” del vice a Europa justo en época de apertura de sesiones legislativas, terminan por agrandar una figura que no merece mas espacio que el que tiene.
Seguramente el mes de octubre marque un punto de inflexión en la vida gubernamental, cambios legislativos y cambios sociales esperan poder empezar a abrir un gobierno, haciéndole ver que llego el momento de gobernar con todos y consensuar políticas para que el país salga nuevamente adelante. Solo estos cambios pueden hacerlo, pero si el gobierno no toma nota de todos los traspiés y no comprende la situación, difícilmente se pueda llegar a esos puntos de acuerdo a donde la Argentina debe llegar para su bicentenario.
En las próximas elecciones quizás se le diga basta a una manera de hacer política, a una manera de manejar los destinos del país, que vemos no lleva a ningún lugar mas que el aislamiento, la soledad y el encierro de sus protagonistas.
Las elecciones del mes de octubre tienen que determinar el próximo proyecto de país que queremos los argentinos. Después de todo de eso se trata, de PENSAR UN PAIS.
Jorge kehiayan
martes, 17 de febrero de 2009
Una constelación se esconde, otras se asoman...
Está siendo larga la noche kirchnerista.
Aunque más corta que "los 90", quienes sufrimos en aquel momento lo que nos parecía un retroceso institucional mayor y un retorno a las deformaciones populistas de la democracia no imaginamos que todavía faltaban estos años en que el populismo se enseñorease tanto en los hábitos políticos al punto de pasar por encima de los principios fundamentales de la propia democracia.
En aquellos años de fuertes debates y grandes transformaciones, muchas cosas se hicieron –buenas y malas- que sacudieron la siesta provinciana de un país sometido a las corporaciones.
Dos, sin embargo, dejarían un signo amargo: la desprotección de los ciudadanos frente al poder económico –en el corto plazo- y uno más negativo en el diseño de la sociedad que vendría: la desarticulación del sistema educativo, que prefiguraría la sociedad disgregada que hoy sufrimos.
Pero hay que retroceder mucho en la historia para recordar algún período de latrocinios, desprecio institucional, negación del federalismo, burla al parlamento, sumisión de la justicia, humillación al ciudadano que piense diferente, saqueo generalizado de los fondos públicos y privados, impunidad para los delitos, desguarnecimiento de la seguridad ciudadana, crecimiento de la pobreza estructural –a pesar de los cinco años más favorables para la Argentina en el último siglo-, control perverso de la prensa, asfixia extorsiva a la producción independiente y a la economía libre, ahogo fiscal y persecusión policíaca a empresas y empresarios que no se humillen frente a la camarilla del poder, usurpación de las propias funciones del poder institucional por una persona que no tiene legitimidad ni representación política alguna, distribución discrecional de los fondos públicos a políticos alineados y empresarios amigos, desmantelamiento de los restos de la educación pública, desarticulación de la defensa nacional, ridículo internacional y aislamiento planetario, frivolización del poder y a la vez, desprecio por las obligaciones éticas que su ejercicio impone... en fin, demasiados vicios que han tenido, quizás como única contrapartida positiva, forzar a quienes tienen todavía algún reflejo democrático y extrañan los valores del país republicano a ampliar sus márgenes de tolerancia recíproca, buscando construir los cimientos de lo que vendrá.
Afortunadamente, la estrella del kirchnerato se está inclinando en el horizonte y en algún tiempo, que ojalá sea más cercano que lejano, será historia, con sus ejecutores respondiendo ante la justicia libre de un país soberano por sus actos ilícitos.
En el otro horizonte comienzan a aparecer las nuevas estrellas, que dibujarán las nuevas constelaciones. Los más firmes en sus reclamos institucionales y democráticos, que alguna vez en la historia se expresaron a través del viejo radicalismo y hoy conforman un abanico de afectos e historias diferentes están construyendo su acercamiento, junto a otros argentinos que, mirando a los años que vienen, están convencidos de la necesidad de ubicar a nuestra patria en el paradigma del cambio planetario.
En otro espacio, quienes prefieren hacer gala de sus "experiencias de gestión" pero comprenden que el nuevo mundo no deja lugar para el paroxismo populista extremo, buscan su acercamiento también en el marco de la reconstrucción de una Argentina republicana.
Las "grandes bases" de un país con dos fuerzas políticas modernas, en plena aptitud y creciente actitud de recíproca tolerancia en el juego institucional van insinuándose como el juego maduro del país de relevo. No será un alineamiento de "izquierdas y derechas", como el siglo XX no mostró un alineamiento de los viejos "unitarios y federales" del siglo XIX. Será un nuevo camino, con nuevas opciones, que competirán para ofrecer a los ciudadanos la forma más eficaz de solucionar sus problemas.
En ambas formaciones habrá viejos exponentes de las izquierdas y derechas del siglo que murió, como había antiguos unitarios y federales en las filas radicales y conservadoras, al comenzar el siglo XX. Los nuevos tiempos construirán, para posibilitar el juego de la democracia cuyas reglas se fueron depurando en dos mil años de historia, opciones políticas que buscarán su legitimidad con su acción.
En ambos conglomerados –algunos- y en el medio –otros- estamos quienes, quizás por haber vivido intensamente estas densas últimas décadas de reconstrucción democrática, seguimos bregando por la culminación del "proyecto 83", que liderara Alfonsín con la bandera de la Constitución y el Preámbulo convertido en oración cívica. Quienes creemos que el país necesita completar su ingreso a la modernidad -o sea, al estado de derecho- para poder levantar velas y comenzar su avance portentoso en un mundo –y en una sociedad argentina- crecientemente cosmopolitas.
Las diferentes visiones no debilitan sino que fortalecen la democracia, porque legitiman la representación al acercarla al enorme colorido de las diferentes visiones del pensamiento, pero para que ello efectivamente ocurra es imprescindible que la democracia funcione. Y ante esta posibilidad que se insinúa de las nuevas fuerzas en formación, la actitud responsable es cuidarla con prudencia, delicadeza, sensatez y tolerancia recíproca.
Es el servicio que la nación espera de aquellos a quienes tocó en suerte la responsabilidad de encausar la democracia, luego de tantas décadas de ausencia. "Por cien años más", enmarcando la convivencia de todos quienes integramos el país que empezó en mayo, hace casi doscientos años. Es mucho más importante que fabricar internas, endurecer los codos o amañar pícaros acuerdos evitando la consulta para integrar alguna lista, o inventar ingeniosas descalificaciones que debiliten a los necesarios socios en la reconstrucción.
No podemos ignorar que antes de terminar de eclipsarse en el horizonte para siempre, la pequeña pero sumamente dañina constelación "K" todavía está en condiciones de profundizar su daño.
Debemos evitar que ese daño altere la construcción de la convivencia que viene, plural, abierta, creativa, democrática, solidaria, libre. En las verdaderas antípodas del ciclo que se muere.
Ricardo Lafferriere
pd: agradecemos a ricardo la posibilidad de reproducir su nota. GRACIAS RICARDO!!
Aunque más corta que "los 90", quienes sufrimos en aquel momento lo que nos parecía un retroceso institucional mayor y un retorno a las deformaciones populistas de la democracia no imaginamos que todavía faltaban estos años en que el populismo se enseñorease tanto en los hábitos políticos al punto de pasar por encima de los principios fundamentales de la propia democracia.
En aquellos años de fuertes debates y grandes transformaciones, muchas cosas se hicieron –buenas y malas- que sacudieron la siesta provinciana de un país sometido a las corporaciones.
Dos, sin embargo, dejarían un signo amargo: la desprotección de los ciudadanos frente al poder económico –en el corto plazo- y uno más negativo en el diseño de la sociedad que vendría: la desarticulación del sistema educativo, que prefiguraría la sociedad disgregada que hoy sufrimos.
Pero hay que retroceder mucho en la historia para recordar algún período de latrocinios, desprecio institucional, negación del federalismo, burla al parlamento, sumisión de la justicia, humillación al ciudadano que piense diferente, saqueo generalizado de los fondos públicos y privados, impunidad para los delitos, desguarnecimiento de la seguridad ciudadana, crecimiento de la pobreza estructural –a pesar de los cinco años más favorables para la Argentina en el último siglo-, control perverso de la prensa, asfixia extorsiva a la producción independiente y a la economía libre, ahogo fiscal y persecusión policíaca a empresas y empresarios que no se humillen frente a la camarilla del poder, usurpación de las propias funciones del poder institucional por una persona que no tiene legitimidad ni representación política alguna, distribución discrecional de los fondos públicos a políticos alineados y empresarios amigos, desmantelamiento de los restos de la educación pública, desarticulación de la defensa nacional, ridículo internacional y aislamiento planetario, frivolización del poder y a la vez, desprecio por las obligaciones éticas que su ejercicio impone... en fin, demasiados vicios que han tenido, quizás como única contrapartida positiva, forzar a quienes tienen todavía algún reflejo democrático y extrañan los valores del país republicano a ampliar sus márgenes de tolerancia recíproca, buscando construir los cimientos de lo que vendrá.
Afortunadamente, la estrella del kirchnerato se está inclinando en el horizonte y en algún tiempo, que ojalá sea más cercano que lejano, será historia, con sus ejecutores respondiendo ante la justicia libre de un país soberano por sus actos ilícitos.
En el otro horizonte comienzan a aparecer las nuevas estrellas, que dibujarán las nuevas constelaciones. Los más firmes en sus reclamos institucionales y democráticos, que alguna vez en la historia se expresaron a través del viejo radicalismo y hoy conforman un abanico de afectos e historias diferentes están construyendo su acercamiento, junto a otros argentinos que, mirando a los años que vienen, están convencidos de la necesidad de ubicar a nuestra patria en el paradigma del cambio planetario.
En otro espacio, quienes prefieren hacer gala de sus "experiencias de gestión" pero comprenden que el nuevo mundo no deja lugar para el paroxismo populista extremo, buscan su acercamiento también en el marco de la reconstrucción de una Argentina republicana.
Las "grandes bases" de un país con dos fuerzas políticas modernas, en plena aptitud y creciente actitud de recíproca tolerancia en el juego institucional van insinuándose como el juego maduro del país de relevo. No será un alineamiento de "izquierdas y derechas", como el siglo XX no mostró un alineamiento de los viejos "unitarios y federales" del siglo XIX. Será un nuevo camino, con nuevas opciones, que competirán para ofrecer a los ciudadanos la forma más eficaz de solucionar sus problemas.
En ambas formaciones habrá viejos exponentes de las izquierdas y derechas del siglo que murió, como había antiguos unitarios y federales en las filas radicales y conservadoras, al comenzar el siglo XX. Los nuevos tiempos construirán, para posibilitar el juego de la democracia cuyas reglas se fueron depurando en dos mil años de historia, opciones políticas que buscarán su legitimidad con su acción.
En ambos conglomerados –algunos- y en el medio –otros- estamos quienes, quizás por haber vivido intensamente estas densas últimas décadas de reconstrucción democrática, seguimos bregando por la culminación del "proyecto 83", que liderara Alfonsín con la bandera de la Constitución y el Preámbulo convertido en oración cívica. Quienes creemos que el país necesita completar su ingreso a la modernidad -o sea, al estado de derecho- para poder levantar velas y comenzar su avance portentoso en un mundo –y en una sociedad argentina- crecientemente cosmopolitas.
Las diferentes visiones no debilitan sino que fortalecen la democracia, porque legitiman la representación al acercarla al enorme colorido de las diferentes visiones del pensamiento, pero para que ello efectivamente ocurra es imprescindible que la democracia funcione. Y ante esta posibilidad que se insinúa de las nuevas fuerzas en formación, la actitud responsable es cuidarla con prudencia, delicadeza, sensatez y tolerancia recíproca.
Es el servicio que la nación espera de aquellos a quienes tocó en suerte la responsabilidad de encausar la democracia, luego de tantas décadas de ausencia. "Por cien años más", enmarcando la convivencia de todos quienes integramos el país que empezó en mayo, hace casi doscientos años. Es mucho más importante que fabricar internas, endurecer los codos o amañar pícaros acuerdos evitando la consulta para integrar alguna lista, o inventar ingeniosas descalificaciones que debiliten a los necesarios socios en la reconstrucción.
No podemos ignorar que antes de terminar de eclipsarse en el horizonte para siempre, la pequeña pero sumamente dañina constelación "K" todavía está en condiciones de profundizar su daño.
Debemos evitar que ese daño altere la construcción de la convivencia que viene, plural, abierta, creativa, democrática, solidaria, libre. En las verdaderas antípodas del ciclo que se muere.
Ricardo Lafferriere
pd: agradecemos a ricardo la posibilidad de reproducir su nota. GRACIAS RICARDO!!
viernes, 23 de enero de 2009
Nuevo Americanismo
Quizás al final de las cuentas este siglo, el XXI, sí será americano, la American century proclamada en 1997 por un nutrido grupo de neocons, entre los que se hallaba la flor y nata del futuro Gobierno de George W. Bush, que creó incluso una asociación para conseguirlo. Lo intentaron por la fuerza bruta, el desprecio a los países amigos y aliados y la vulneración de los principios fundacionales de la nación americana, con los resultados que se conocen: nunca Estados Unidos llegó tan lejos en desprestigio y en pérdida de autoridad e influencia. Si se consigue, será por el camino diametralmente opuesto, proclamado el martes en el discurso inaugural de Barack Obama e incluso demostrado como ejercicio práctico de ciudadanía por unos fastos y ceremonias que se han seguido con pasmo y regocijo desde todo el mundo.
El poder inteligente puede dar a EE UU la autoridad que los ‘neocons’ buscaron por peores medios
Quizás sea verdad esa sentencia horrible acerca de los nubarrones que tenemos encima, que hace falta que las cosas vayan peor para que luego vayan mejor, pues ésta sería la lección impartida por la historia con la calamitosa presidencia que ahora termina. A partir de tres desastres históricos se levanta la nueva: el carpetazo a los ocho años de Bush, el agotamiento del capitalismo financiero voraz e irracional de la era de Reagan y la superación ejemplar de la lacra racista que arrastraba la gran democracia americana desde su fundación. El ex presidente de Rusia, actual primer ministro y de nuevo presidente in pectore Vladímir Putin, está entre quienes lo ven exactamente al revés, al estilo de José María Aznar, cuando predica que el exotismo que significa Obama acarreará un desastre económico. Putin está “convencido de que las mayores decepciones nacen de grandes esperanzas”, aunque la única demostración que se deduce es exactamente la contraria: de la gran decepción de Bush ha nacido la gran esperanza de Obama.
Éste representa, en todo caso, un nuevo americanismo, que significa una demostración de confianza en la capacidad de su país para salir de la crisis y volver a liderar el mundo. Los valores que reivindica, obviamente, son los de siempre, los fundacionales -”todos somos iguales, todos somos libres y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible”-, que su elección como presidente actualiza en contraste con las frustraciones de la historia estadounidense. Pero los métodos son distintos: “Nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención”.
EE UU es todavía “una nación joven”, capaz de recuperarse después de una tremenda caída y de reinventarse de nuevo, con una energía que todo el mundo envidia. La jornada de la inauguración ha proporcionado un espectáculo de unidad nacional y de consenso moral insólito en el mundo de hoy, en cualquiera de sus continentes, y no es extraño que se haya producido en el momento en que la minoría fundacional afroamericana ha conseguido que uno de los suyos encarne la soberanía nacional. Michelle Obama dijo durante la campaña, en un momento no del todo conveniente, que “por primera vez se sentía orgullosa de ser americana”. Su frase se convirtió en un proyectil contra su marido, pero encierra una verdad que el martes emergió en toda su dimensión histórica.
Durante la campaña, desde los cuarteles conservadores, se lanzó la insidia de que votar a Obama era optar por un presidente para la decadencia, cuando todo está indicando lo contrario. En vez de seguir con la agonía neocon y bushista, EE UU ha apostado por una América que vuelve a situarse en cabeza de todo, empezando por su capacidad de renovación y de entusiasmo, por el regreso de la política y de la voluntad ejemplarizante. El mensaje de Obama enlaza directamente con la ilusión primigenia de la Revolución Americana, aquella hermana más inteligente y pacífica de la Revolución Francesa: “Sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo”.
Independientemente de los resultados que obtenga, esta propuesta de un nuevo americanismo resuena positivamente en todo el mundo. Es la superación del EE UU de la guerra fría, que se alió con las dictaduras de Franco, Salazar y los coroneles griegos y favoreció el golpismo en América Latina. Quiere ser también la superación, más difícil, de la América de la transición del siglo XXI, que siguió aliada con dictaduras árabes y asiáticas en nombre de los intereses económicos primero y de la lucha contra el terrorismo después. Veremos cómo declina en la práctica el complejo axioma que declara “falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales”. La hegemonía en el siglo XXI se jugará en el terreno económico, obviamente, pero también en el campo de las ideas morales y políticas. Y ahí es donde la combinación entre poderes blandos y duros, es decir, el poder inteligente (smart power) que ahora Hillary Clinton ha puesto en boga, puede dar a EE UU aquella superioridad que los neocons buscaron por los peores medios.
El poder inteligente puede dar a EE UU la autoridad que los ‘neocons’ buscaron por peores medios
Quizás sea verdad esa sentencia horrible acerca de los nubarrones que tenemos encima, que hace falta que las cosas vayan peor para que luego vayan mejor, pues ésta sería la lección impartida por la historia con la calamitosa presidencia que ahora termina. A partir de tres desastres históricos se levanta la nueva: el carpetazo a los ocho años de Bush, el agotamiento del capitalismo financiero voraz e irracional de la era de Reagan y la superación ejemplar de la lacra racista que arrastraba la gran democracia americana desde su fundación. El ex presidente de Rusia, actual primer ministro y de nuevo presidente in pectore Vladímir Putin, está entre quienes lo ven exactamente al revés, al estilo de José María Aznar, cuando predica que el exotismo que significa Obama acarreará un desastre económico. Putin está “convencido de que las mayores decepciones nacen de grandes esperanzas”, aunque la única demostración que se deduce es exactamente la contraria: de la gran decepción de Bush ha nacido la gran esperanza de Obama.
Éste representa, en todo caso, un nuevo americanismo, que significa una demostración de confianza en la capacidad de su país para salir de la crisis y volver a liderar el mundo. Los valores que reivindica, obviamente, son los de siempre, los fundacionales -”todos somos iguales, todos somos libres y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible”-, que su elección como presidente actualiza en contraste con las frustraciones de la historia estadounidense. Pero los métodos son distintos: “Nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención”.
EE UU es todavía “una nación joven”, capaz de recuperarse después de una tremenda caída y de reinventarse de nuevo, con una energía que todo el mundo envidia. La jornada de la inauguración ha proporcionado un espectáculo de unidad nacional y de consenso moral insólito en el mundo de hoy, en cualquiera de sus continentes, y no es extraño que se haya producido en el momento en que la minoría fundacional afroamericana ha conseguido que uno de los suyos encarne la soberanía nacional. Michelle Obama dijo durante la campaña, en un momento no del todo conveniente, que “por primera vez se sentía orgullosa de ser americana”. Su frase se convirtió en un proyectil contra su marido, pero encierra una verdad que el martes emergió en toda su dimensión histórica.
Durante la campaña, desde los cuarteles conservadores, se lanzó la insidia de que votar a Obama era optar por un presidente para la decadencia, cuando todo está indicando lo contrario. En vez de seguir con la agonía neocon y bushista, EE UU ha apostado por una América que vuelve a situarse en cabeza de todo, empezando por su capacidad de renovación y de entusiasmo, por el regreso de la política y de la voluntad ejemplarizante. El mensaje de Obama enlaza directamente con la ilusión primigenia de la Revolución Americana, aquella hermana más inteligente y pacífica de la Revolución Francesa: “Sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo”.
Independientemente de los resultados que obtenga, esta propuesta de un nuevo americanismo resuena positivamente en todo el mundo. Es la superación del EE UU de la guerra fría, que se alió con las dictaduras de Franco, Salazar y los coroneles griegos y favoreció el golpismo en América Latina. Quiere ser también la superación, más difícil, de la América de la transición del siglo XXI, que siguió aliada con dictaduras árabes y asiáticas en nombre de los intereses económicos primero y de la lucha contra el terrorismo después. Veremos cómo declina en la práctica el complejo axioma que declara “falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales”. La hegemonía en el siglo XXI se jugará en el terreno económico, obviamente, pero también en el campo de las ideas morales y políticas. Y ahí es donde la combinación entre poderes blandos y duros, es decir, el poder inteligente (smart power) que ahora Hillary Clinton ha puesto en boga, puede dar a EE UU aquella superioridad que los neocons buscaron por los peores medios.
lunes, 5 de enero de 2009
La Defensa y La Politica
Por Horacio Jaunarena
Después de cinco años de una bonanza sin antecedentes históricos en las cuentas fiscales de la Nación -fruto de una situación económica internacional favorable, que ya cambió-, nuestras Fuerzas Armadas están en condiciones inciertas para asegurar el cumplimiento de su misión principal. Esta, definida por el actual gobierno y cuestionable por insuficiente y anacrónica, dado el panorama que nos ofrece el siglo XXI, es "conjurar y repeler toda agresión militar estatal a fin de salvaguardar de modo permanente los intereses vitales de la Nación".
Los intereses vitales, en palabras del Gobierno, son "la soberanía, la independencia, la capacidad de autodeterminación, la integridad territorial, la vida y la libertad de sus habitantes". Es simple enunciar estos valores; protegerlos en la realidad es una compleja cuestión fáctica en la que las capacidades reales son determinantes.
Las misiones secundarias, como ayuda ante catástrofes, diversas actividades internacionales y misiones de paz, hoy no pueden ser afrontadas adecuadamente, salvo mediante la asignación de urgentes partidas presupuestarias, las que, al aplicarse sobre estructuras desgastadas, ofrecen respuestas cada vez menos eficientes. En materia de misiones de paz, hemos perdido importancia relativa frente a las capacidades desarrolladas por otros países de la región.
En julio último, se realizaron en el Estado Mayor Conjunto las Jornadas de Planeamiento Estratégico 2008, en las que participaron las cúpulas del ministerio de Defensa y de las Fuerzas Armadas. El Ejército presentó, en sus conclusiones, una placa con un texto revelador. La falta de recursos necesarios para el sostenimiento de la fuerza, no sólo impide cumplir con un imperativo legal de alistar, adiestrar y sostener, sino que imposibilita producir un efecto real de disuasión en función de nuestros intereses vitales y atenta contra el apoyo a la política exterior de la Nación, al dificultar la integración con nuestros principales vecinos en un plano de similitud. Dada la proclamada intención de apoyar la iniciativa brasileña de integrar una estructura militar regional de la Unasur, ¿cómo lograr "un plano de similitud", frente a las importantes adquisiciones de equipamiento y desarrollo de la industria militar que tienen en marcha Brasil y Chile?
En las aludidas jornadas, el Ejército reiteró la descripción de su actual estructura formal y despliegue territorial, que se nutría del sistema de conscripción obligatoria. Se omite considerar que completar esa organización, si se pretende un funcionamiento eficaz, requiere alrededor de 100.000 soldados, cifra imposible con el sistema voluntario. Hoy el Ejército tiene poco más de 13.000 soldados.
El tránsito de un ejército de conscripción al de un ejército profesional supone cambiar de un ejército en el que se privilegia la cantidad por otro en el que se privilegia la calidad. No obstante, la edad promedio del material de armas y vehículos supera los treinta años. El mantenimiento es oneroso y técnicamente pobre por la falta de recursos. La munición no cubre el estándar de una jornada de combate.
En esas jornadas, la Armada describió lo que considera una "fuerza activa sustancial naval", al precisar que se trata de la "mínima organización", integrada por 70 buques de superficie -con portaaeronaves a la cabeza-, 6 submarinos, 36 aviones, 34 helicópteros y 3 batallones de infantería de marina. Tal vez sea un diseño técnicamente coherente en sí mismo, pero en las actuales condiciones de la Armada y del país es una expresión de deseos alejada de la realidad.
La Fuerza Aérea continúa lidiando con las complejas consecuencias de la decisión del Gobierno de sacar de sus competencias el control de la actividad aérea no militar. La decisión fue anunciada con espectacularidad y se designaron funcionarios importantes, pero el cambio se tornó lento y queda mucho por hacer.
Ni hablar del estado del material, las certificaciones técnicas de los pilotos y la deserción de profesionales formados por el Estado, que migran a la actividad civil. Hace algunas semanas, no pudo darse fin al curso conjunto básico de pilotos por problemas en los aviones de adiestramiento Mentor, aparatos cuyo diseño data de la década de 1950.
El llamado programa de recuperación de capacidades, anunciado por el ministerio de Defensa, puede haber sido un paso bien intencionado, pero resulta ineficiente en la práctica y en lo conceptual. En la práctica, porque la mayor parte del material se degrada, por antiguo, con mayor rapidez que cualquier recuperación. En lo conceptual, porque más bien hay que pensar -sensata y moderadamente- en materiales de una nueva generación, cuya determinación debería derivarse de una política de Defensa entendida como cuestión de Estado y construida mediante consensos democráticos.
En apretada síntesis, la autoridad política les reclama a las Fuerzas Armadas que rediseñen sus estructuras por "capacidades", pero no les describe ni amenazas ni escenarios. Como consecuencia, los planificadores militares se refugian en la tradición orgánica de cada fuerza y establecen capacidades preventivas elevadas, resistiéndose a pasar a la historia de sus instituciones como desmanteladores. Resultado, propuestas ilusorias de cumplimiento imposible. Mientras tanto, se siguen creando con entusiasmo estructuras burocráticas en un ministerio de Defensa que, desde 2003, ha aumentado su planta de personal, en cargos directivos, -no militares- mucho más que cualquier otra organización del Estado.
Durante el pasado año, han pedido la baja más de 140 oficiales subalternos del Ejército. En el otro extremo del escalafón jerárquico, mediante una resolución, el ministerio de Defensa avanzó en la intervención primaria sobre los ascensos y destinos del personal superior de las Fuerzas Armadas. Es un retroceso frente a los progresos logrados a lo largo de décadas en la profesionalización de los cuadros militares. Si cada facción política en el poder modifica o ignora los dictámenes de los cuerpos colegiados de calificación y cambia las decisiones específicas de los altos mandos militares designados por el propio Gobierno -como los destinos de los oficiales superiores-, en la práctica, será más eficiente para los oficiales hacerse amigo del político a cargo que buscar la excelencia. La consecuencia es un mayor deterioro profesional de la fuerza.
Los dos gobiernos de Kirchner heredaron, en materia de política de Defensa, el tramo menos complejo del último cuarto de siglo. Pese a esta situación innegable y a la bonanza económica que facilita decisiones adecuadas, en los hechos -que desmienten las declaraciones ampulosas y descubren las operaciones mediáticas-, estamos recorriendo las primeras etapas de una crisis cuya responsabilidad principal es del Poder Ejecutivo, pero debería se asumida, también, por el conjunto de la dirigencia política.
La política de Defensa tiene que ser una política de Estado y no patrimonio de una facción.
Después de cinco años de una bonanza sin antecedentes históricos en las cuentas fiscales de la Nación -fruto de una situación económica internacional favorable, que ya cambió-, nuestras Fuerzas Armadas están en condiciones inciertas para asegurar el cumplimiento de su misión principal. Esta, definida por el actual gobierno y cuestionable por insuficiente y anacrónica, dado el panorama que nos ofrece el siglo XXI, es "conjurar y repeler toda agresión militar estatal a fin de salvaguardar de modo permanente los intereses vitales de la Nación".
Los intereses vitales, en palabras del Gobierno, son "la soberanía, la independencia, la capacidad de autodeterminación, la integridad territorial, la vida y la libertad de sus habitantes". Es simple enunciar estos valores; protegerlos en la realidad es una compleja cuestión fáctica en la que las capacidades reales son determinantes.
Las misiones secundarias, como ayuda ante catástrofes, diversas actividades internacionales y misiones de paz, hoy no pueden ser afrontadas adecuadamente, salvo mediante la asignación de urgentes partidas presupuestarias, las que, al aplicarse sobre estructuras desgastadas, ofrecen respuestas cada vez menos eficientes. En materia de misiones de paz, hemos perdido importancia relativa frente a las capacidades desarrolladas por otros países de la región.
En julio último, se realizaron en el Estado Mayor Conjunto las Jornadas de Planeamiento Estratégico 2008, en las que participaron las cúpulas del ministerio de Defensa y de las Fuerzas Armadas. El Ejército presentó, en sus conclusiones, una placa con un texto revelador. La falta de recursos necesarios para el sostenimiento de la fuerza, no sólo impide cumplir con un imperativo legal de alistar, adiestrar y sostener, sino que imposibilita producir un efecto real de disuasión en función de nuestros intereses vitales y atenta contra el apoyo a la política exterior de la Nación, al dificultar la integración con nuestros principales vecinos en un plano de similitud. Dada la proclamada intención de apoyar la iniciativa brasileña de integrar una estructura militar regional de la Unasur, ¿cómo lograr "un plano de similitud", frente a las importantes adquisiciones de equipamiento y desarrollo de la industria militar que tienen en marcha Brasil y Chile?
En las aludidas jornadas, el Ejército reiteró la descripción de su actual estructura formal y despliegue territorial, que se nutría del sistema de conscripción obligatoria. Se omite considerar que completar esa organización, si se pretende un funcionamiento eficaz, requiere alrededor de 100.000 soldados, cifra imposible con el sistema voluntario. Hoy el Ejército tiene poco más de 13.000 soldados.
El tránsito de un ejército de conscripción al de un ejército profesional supone cambiar de un ejército en el que se privilegia la cantidad por otro en el que se privilegia la calidad. No obstante, la edad promedio del material de armas y vehículos supera los treinta años. El mantenimiento es oneroso y técnicamente pobre por la falta de recursos. La munición no cubre el estándar de una jornada de combate.
En esas jornadas, la Armada describió lo que considera una "fuerza activa sustancial naval", al precisar que se trata de la "mínima organización", integrada por 70 buques de superficie -con portaaeronaves a la cabeza-, 6 submarinos, 36 aviones, 34 helicópteros y 3 batallones de infantería de marina. Tal vez sea un diseño técnicamente coherente en sí mismo, pero en las actuales condiciones de la Armada y del país es una expresión de deseos alejada de la realidad.
La Fuerza Aérea continúa lidiando con las complejas consecuencias de la decisión del Gobierno de sacar de sus competencias el control de la actividad aérea no militar. La decisión fue anunciada con espectacularidad y se designaron funcionarios importantes, pero el cambio se tornó lento y queda mucho por hacer.
Ni hablar del estado del material, las certificaciones técnicas de los pilotos y la deserción de profesionales formados por el Estado, que migran a la actividad civil. Hace algunas semanas, no pudo darse fin al curso conjunto básico de pilotos por problemas en los aviones de adiestramiento Mentor, aparatos cuyo diseño data de la década de 1950.
El llamado programa de recuperación de capacidades, anunciado por el ministerio de Defensa, puede haber sido un paso bien intencionado, pero resulta ineficiente en la práctica y en lo conceptual. En la práctica, porque la mayor parte del material se degrada, por antiguo, con mayor rapidez que cualquier recuperación. En lo conceptual, porque más bien hay que pensar -sensata y moderadamente- en materiales de una nueva generación, cuya determinación debería derivarse de una política de Defensa entendida como cuestión de Estado y construida mediante consensos democráticos.
En apretada síntesis, la autoridad política les reclama a las Fuerzas Armadas que rediseñen sus estructuras por "capacidades", pero no les describe ni amenazas ni escenarios. Como consecuencia, los planificadores militares se refugian en la tradición orgánica de cada fuerza y establecen capacidades preventivas elevadas, resistiéndose a pasar a la historia de sus instituciones como desmanteladores. Resultado, propuestas ilusorias de cumplimiento imposible. Mientras tanto, se siguen creando con entusiasmo estructuras burocráticas en un ministerio de Defensa que, desde 2003, ha aumentado su planta de personal, en cargos directivos, -no militares- mucho más que cualquier otra organización del Estado.
Durante el pasado año, han pedido la baja más de 140 oficiales subalternos del Ejército. En el otro extremo del escalafón jerárquico, mediante una resolución, el ministerio de Defensa avanzó en la intervención primaria sobre los ascensos y destinos del personal superior de las Fuerzas Armadas. Es un retroceso frente a los progresos logrados a lo largo de décadas en la profesionalización de los cuadros militares. Si cada facción política en el poder modifica o ignora los dictámenes de los cuerpos colegiados de calificación y cambia las decisiones específicas de los altos mandos militares designados por el propio Gobierno -como los destinos de los oficiales superiores-, en la práctica, será más eficiente para los oficiales hacerse amigo del político a cargo que buscar la excelencia. La consecuencia es un mayor deterioro profesional de la fuerza.
Los dos gobiernos de Kirchner heredaron, en materia de política de Defensa, el tramo menos complejo del último cuarto de siglo. Pese a esta situación innegable y a la bonanza económica que facilita decisiones adecuadas, en los hechos -que desmienten las declaraciones ampulosas y descubren las operaciones mediáticas-, estamos recorriendo las primeras etapas de una crisis cuya responsabilidad principal es del Poder Ejecutivo, pero debería se asumida, también, por el conjunto de la dirigencia política.
La política de Defensa tiene que ser una política de Estado y no patrimonio de una facción.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
El impacto de los anuncios económicos de la Presidenta
Por Carlos Bonvecchi
Durante el transcurso de la semana anterior, el Gobierno había hecho trascender que estaba por lanzar un conjunto de medidas orientadas a sostener y estimular el consumo, la inversión, y las exportaciones, y a desalentar las importaciones competitivas con la producción local. Todo ello con el doble objetivo de, por un lado, reducir al mínimo posible la fuerte desaceleración que ya se observa en el nivel de actividad y, en el caso extremo, de tratar de evitar una caída del PIB y, por el otro lado, preservar de ese modo los actuales niveles de empleo.
Dichos anuncios, cuyos contenidos son hasta ahora incompletos, comenzaron a materializarse en la mañana del martes 25 en un discurso que la Presidenta pronunció en el cierre de la Conferencia de la UIA. Concretamente, anunció la recreación de un Ministerio de la Producción; y la puesta en marcha de planes de regularización impositiva, de blanqueo del trabajo en negro, de reducción del costo laboral para los nuevos trabajadores que sean incorporados a los planteles laborales de las empresas, y de exteriorización y repatriación de capitales pertenecientes a residentes en el país, y que los mantienen en el exterior.
Ministerio que vuelve
Respecto de la recreación del Ministerio de la Producción, que ya había sido instituido durante la presidencia de Duhalde y suprimido cuando asumió Kirchner, su impacto en términos de exportaciones, importaciones, producción y empleo no será significativo, al menos, en el corto plazo. La iniciativa del Ejecutivo consiste en la fusión, dentro de una estructura ministerial, de las actuales competencias de las secretarías de Industria, y Mediana y Pequeña Empresa; Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos; Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería; Turismo de la Presidencia de la Nación; y de la supervisión del accionar de la Agencia Nacional de Inversiones, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros.
Nada indica, hasta ahora, que dicha fusión sea acompañada de mayores recursos presupuestarios o de nuevos instrumentos de política. Por ende, el éxito en el cumplimiento de los objetivos anunciados para este Ministerio dependerá, básicamente, de la capacidad de gestión de la ministra nombrada, y de su habilidad para “navegar” en las aguas de las constantes internas gubernamentales que caracterizan al oficialismo. Lo que sí implica, es un nuevo recorte de las atribuciones del actual ministro de Economía que, de esta forma, sólo se ocuparía en el futuro del resultado de las cuentas públicas y de las necesidades de financiamiento.
En relación con los programas anunciados, los mecanismos a utilizar consistirían en incentivos de naturaleza fiscal: moratoria impositiva, planes de pagos más extensos y con bajas tasas de interés para las deudas tributarias, condonación de deudas previsionales, reducción de costos laborales, reducida carga impositiva inicial sobre el capital y la riqueza no exteriorizada y mantenida en el exterior.
Ello implica que uno de los objetivos implícitos en estas medidas es aumentar, neto de la condonación de deudas previsionales, los recursos tributarios. Esto es, una confirmación indirecta de la necesidad de seguir allegando recursos a la caja y de prevenir, en los próximos años, problemas de recursos en las finanzas públicas. El otro objetivo implícito, es una apuesta a que se incremente el ingreso de dólares; un bien que será relativamente escaso durante el próximo año.
No obstante, cabe recordar al respecto, que el proceso de reactivación económica iniciado en el segundo trimestre de 2002 tuvo, como un impulso de gran significación, el proceso de desatesoramiento de dólares acumulados en cajas de seguridad del país y en depósitos e inversiones en el exterior de las personas físicas, y de la repatriación de capitales de las empresas privadas. Dicho proceso se acompañó, también, de una reducción de la tasa de evasión impositiva y previsional, y del trabajo en negro. En otras palabras, fue el fuerte cambio positivo que se operó en las expectativas de los agentes económicos lo que hizo posible que se materializaran esos procesos; esto es, no fue necesario adoptar ninguna medida específica.
Surge entonces el interrogante: ¿cuáles serían las razones que impulsarían a los agentes económicos a incorporarse a los programas anunciados? En particular, cuando las expectativas sobre el futuro económico internacional y nacional difieren, significativamente, del auspicioso escenario que se perfilaba seis años atrás. ¿Los incentivos fiscales incluidos en los programas anunciados son lo suficientemente atractivos para compensar ese deterioro en las expectativas, la mayor incertidumbre y la volatilidad económica y financiera? En suma, el efecto de estas medidas será, en el mejor de los casos y en el corto plazo, marginal; en especial, porque el 2009 será un año cargado de la impronta de la contienda electoral.
Las obras públicas
De mucho mayor impacto sería el programa de obras públicas anunciado, en los finales del martes 25, por la Presidenta en la mara Argentina de la Construcción. Aunque tampoco se conocen los detalles, el 15 de diciembre próximo se pondría en marcha un plan a través del cual se destinarían casi 22.000 millones de dólares (equivalente a 6.3% del PIB), con fondos que posiblemente provendrían, en su gran mayoría, de las AFJP nacionalizadas, y que estaría orientado a la construcción de obras estructurales, programáticas (escuelas, viviendas, caminos), y otras de menor importanciaa, pero más rápidas de concretar y de mayor intensidad en el uso de mano de obra.
Al respecto, con la información disponible, puede señalarse: por un lado, que llama la atención la magnitud del monto presupuestado, difícilmente concretable en el corto plazo de un año; por otro lado, que son abundantes y relevantes las evidencias existentes sobre las fallas de gestión que ha exhibido este Gobierno y que se expresan, entre otros aspectos, en la enorme diferencia que se observa entre sus anuncios y su grado de concreción. Por lo demás, más allá del eventual impacto positivo sobre la utilización de mano de obra, su contribución al crecimiento del producto es reducida y, por último, es posible que la distribución de esas obras en términos provinciales se apoye, centralmente, en las necesidades electorales del oficialismo. En suma, las medidas hasta ahora anunciadas constituyen el reconocimiento, por parte de las autoridades de que, por un lado, el nivel de actividad se está desacelerando a una velocidad mayor a la esperada; por otro lado, que lo mismo estaría ocurriendo con la recaudación impositiva; finalmente, que la oferta de dólares en el mercado de cambios es significativamente menor a la necesaria. Empero, estas medidas serían insuficientes para corregir de manera drástica estas tendencias: la contribución de las mismas en términos de crecimiento del PIB, de los ingresos tributarios y de la oferta de divisas sería, en el actual contexto económico internacional y local, marginal.
Pero todavía quedaría sin atender el reclamo industrial y de otros sectores de la economía, respecto de la necesidad de contar con un tipo de cambio real más competitivo. En tal sentido, trascendió que se encontrarían en preparación otra serie de medidas destinadas a incrementar el tipo de cambio efectivo de exportación e importación: la eliminación de las retenciones a las ventas externas aplicadas a algunos productos manufacturados, el incremento de los reintegros a la exportación, y el aumento de la tasa de estadística. A ello se sumarían programas de crédito a tasas inferiores a las de mercado destinados a las actividades productivas, y para la adquisición de automotores nuevos.
Se trataría de medidas que, excepto el caso del incremento de la tasa de estadística, significan un costo fiscal (pérdida de recaudación por retenciones y aumento de los reintegros a las exportaciones), o un aumento de los subsidios (a las tasas de interés imputables a los programas de crédito que se anunciarían).
Implicaría, a su vez, el reconocimiento de que el tipo de cambio se encuentra atrasado y, que por ahora, el sector agropecuario sería “el pato de la boda”. Implicaría, también, que la decisión de mejorar el tipo de cambio a través de una “devaluación fiscal”, supone el temor, por parte del gobierno, a algunas de las posibles consecuencias de permitir dejarlo flotar con mayor libertad: una tasa de inflación más elevada, pérdida de depósitos y de reservas. Situaciones que podrían erosionar las bases de sustentación de la coalición gubernamental y, por ende, ensombrecer el panorama electoral del próximo año
Durante el transcurso de la semana anterior, el Gobierno había hecho trascender que estaba por lanzar un conjunto de medidas orientadas a sostener y estimular el consumo, la inversión, y las exportaciones, y a desalentar las importaciones competitivas con la producción local. Todo ello con el doble objetivo de, por un lado, reducir al mínimo posible la fuerte desaceleración que ya se observa en el nivel de actividad y, en el caso extremo, de tratar de evitar una caída del PIB y, por el otro lado, preservar de ese modo los actuales niveles de empleo.
Dichos anuncios, cuyos contenidos son hasta ahora incompletos, comenzaron a materializarse en la mañana del martes 25 en un discurso que la Presidenta pronunció en el cierre de la Conferencia de la UIA. Concretamente, anunció la recreación de un Ministerio de la Producción; y la puesta en marcha de planes de regularización impositiva, de blanqueo del trabajo en negro, de reducción del costo laboral para los nuevos trabajadores que sean incorporados a los planteles laborales de las empresas, y de exteriorización y repatriación de capitales pertenecientes a residentes en el país, y que los mantienen en el exterior.
Ministerio que vuelve
Respecto de la recreación del Ministerio de la Producción, que ya había sido instituido durante la presidencia de Duhalde y suprimido cuando asumió Kirchner, su impacto en términos de exportaciones, importaciones, producción y empleo no será significativo, al menos, en el corto plazo. La iniciativa del Ejecutivo consiste en la fusión, dentro de una estructura ministerial, de las actuales competencias de las secretarías de Industria, y Mediana y Pequeña Empresa; Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos; Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería; Turismo de la Presidencia de la Nación; y de la supervisión del accionar de la Agencia Nacional de Inversiones, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros.
Nada indica, hasta ahora, que dicha fusión sea acompañada de mayores recursos presupuestarios o de nuevos instrumentos de política. Por ende, el éxito en el cumplimiento de los objetivos anunciados para este Ministerio dependerá, básicamente, de la capacidad de gestión de la ministra nombrada, y de su habilidad para “navegar” en las aguas de las constantes internas gubernamentales que caracterizan al oficialismo. Lo que sí implica, es un nuevo recorte de las atribuciones del actual ministro de Economía que, de esta forma, sólo se ocuparía en el futuro del resultado de las cuentas públicas y de las necesidades de financiamiento.
En relación con los programas anunciados, los mecanismos a utilizar consistirían en incentivos de naturaleza fiscal: moratoria impositiva, planes de pagos más extensos y con bajas tasas de interés para las deudas tributarias, condonación de deudas previsionales, reducción de costos laborales, reducida carga impositiva inicial sobre el capital y la riqueza no exteriorizada y mantenida en el exterior.
Ello implica que uno de los objetivos implícitos en estas medidas es aumentar, neto de la condonación de deudas previsionales, los recursos tributarios. Esto es, una confirmación indirecta de la necesidad de seguir allegando recursos a la caja y de prevenir, en los próximos años, problemas de recursos en las finanzas públicas. El otro objetivo implícito, es una apuesta a que se incremente el ingreso de dólares; un bien que será relativamente escaso durante el próximo año.
No obstante, cabe recordar al respecto, que el proceso de reactivación económica iniciado en el segundo trimestre de 2002 tuvo, como un impulso de gran significación, el proceso de desatesoramiento de dólares acumulados en cajas de seguridad del país y en depósitos e inversiones en el exterior de las personas físicas, y de la repatriación de capitales de las empresas privadas. Dicho proceso se acompañó, también, de una reducción de la tasa de evasión impositiva y previsional, y del trabajo en negro. En otras palabras, fue el fuerte cambio positivo que se operó en las expectativas de los agentes económicos lo que hizo posible que se materializaran esos procesos; esto es, no fue necesario adoptar ninguna medida específica.
Surge entonces el interrogante: ¿cuáles serían las razones que impulsarían a los agentes económicos a incorporarse a los programas anunciados? En particular, cuando las expectativas sobre el futuro económico internacional y nacional difieren, significativamente, del auspicioso escenario que se perfilaba seis años atrás. ¿Los incentivos fiscales incluidos en los programas anunciados son lo suficientemente atractivos para compensar ese deterioro en las expectativas, la mayor incertidumbre y la volatilidad económica y financiera? En suma, el efecto de estas medidas será, en el mejor de los casos y en el corto plazo, marginal; en especial, porque el 2009 será un año cargado de la impronta de la contienda electoral.
Las obras públicas
De mucho mayor impacto sería el programa de obras públicas anunciado, en los finales del martes 25, por la Presidenta en la mara Argentina de la Construcción. Aunque tampoco se conocen los detalles, el 15 de diciembre próximo se pondría en marcha un plan a través del cual se destinarían casi 22.000 millones de dólares (equivalente a 6.3% del PIB), con fondos que posiblemente provendrían, en su gran mayoría, de las AFJP nacionalizadas, y que estaría orientado a la construcción de obras estructurales, programáticas (escuelas, viviendas, caminos), y otras de menor importanciaa, pero más rápidas de concretar y de mayor intensidad en el uso de mano de obra.
Al respecto, con la información disponible, puede señalarse: por un lado, que llama la atención la magnitud del monto presupuestado, difícilmente concretable en el corto plazo de un año; por otro lado, que son abundantes y relevantes las evidencias existentes sobre las fallas de gestión que ha exhibido este Gobierno y que se expresan, entre otros aspectos, en la enorme diferencia que se observa entre sus anuncios y su grado de concreción. Por lo demás, más allá del eventual impacto positivo sobre la utilización de mano de obra, su contribución al crecimiento del producto es reducida y, por último, es posible que la distribución de esas obras en términos provinciales se apoye, centralmente, en las necesidades electorales del oficialismo. En suma, las medidas hasta ahora anunciadas constituyen el reconocimiento, por parte de las autoridades de que, por un lado, el nivel de actividad se está desacelerando a una velocidad mayor a la esperada; por otro lado, que lo mismo estaría ocurriendo con la recaudación impositiva; finalmente, que la oferta de dólares en el mercado de cambios es significativamente menor a la necesaria. Empero, estas medidas serían insuficientes para corregir de manera drástica estas tendencias: la contribución de las mismas en términos de crecimiento del PIB, de los ingresos tributarios y de la oferta de divisas sería, en el actual contexto económico internacional y local, marginal.
Pero todavía quedaría sin atender el reclamo industrial y de otros sectores de la economía, respecto de la necesidad de contar con un tipo de cambio real más competitivo. En tal sentido, trascendió que se encontrarían en preparación otra serie de medidas destinadas a incrementar el tipo de cambio efectivo de exportación e importación: la eliminación de las retenciones a las ventas externas aplicadas a algunos productos manufacturados, el incremento de los reintegros a la exportación, y el aumento de la tasa de estadística. A ello se sumarían programas de crédito a tasas inferiores a las de mercado destinados a las actividades productivas, y para la adquisición de automotores nuevos.
Se trataría de medidas que, excepto el caso del incremento de la tasa de estadística, significan un costo fiscal (pérdida de recaudación por retenciones y aumento de los reintegros a las exportaciones), o un aumento de los subsidios (a las tasas de interés imputables a los programas de crédito que se anunciarían).
Implicaría, a su vez, el reconocimiento de que el tipo de cambio se encuentra atrasado y, que por ahora, el sector agropecuario sería “el pato de la boda”. Implicaría, también, que la decisión de mejorar el tipo de cambio a través de una “devaluación fiscal”, supone el temor, por parte del gobierno, a algunas de las posibles consecuencias de permitir dejarlo flotar con mayor libertad: una tasa de inflación más elevada, pérdida de depósitos y de reservas. Situaciones que podrían erosionar las bases de sustentación de la coalición gubernamental y, por ende, ensombrecer el panorama electoral del próximo año
miércoles, 5 de noviembre de 2008
MIENTRAS DURO ESTUVO BUENA!! (PARA UNOS POCOS)
Parece haber llegado el final de la fiesta... (fiesta a la que nunca estuvimos invitados)
Decimos esto analizando y diagramando el presente y el futuro del gobierno de CFK. Tenemos un presente con constantes intentos de impuestazos, apropiación de fondos de AFJP, recortes en subsidios, etc, etc...
Ahora bien, teniendo en cuenta que en el presente vivimos una gran crisis financiera internacional, de la cual muy difícilmente estemos exentos, es increíble que un gobierno no haya previsto en el presupuesto del año próximo que los ingresos no van a hacer los mismos y que el año que viene se presentan grandes vencimientos de deuda externa.
El ministro de planificación, Julio De Vido, anuncio el día jueves un aumento de las tarifas eléctricas y el recorte de subsidios por un monto de 800 millones. La presidenta anuncia un plan de estatización de AFJP llevándose a las arcas del estado el total de los aportes PRIVADOS. No solo se le quita a la gente el dinero aportado, sino que también por una actuación ESPASMÓDICA (actuaciones a las que estamos acostumbrados hace ya 5 años) el trabajador que había elegido el sistema privado ahora empezara a aportar al sistema previsional estatal. Ah! Me olvidaba! Todo esto sin ningún tipo de garantía de que realmente esa plata vaya a los fondos jubilatorios.
Evidentemente el gobierno no puede derrochar un solo peso mas y tiene que salir a buscar fondos donde no tiene... fueron muchos años de derroche, de control de precios, de control del dólar, de subsidios incalculables para empresas que no cumplen con buenos servicios a usuarios y por sobre todas las cosas fueron muchos años de clientelismo político. Quedara por ver si el gobierno puede seguir “ bancando” todo el aparataje político armado, débilmente por cierto, a su alrededor.
Planificando el próximo año el gobierno de CFK ha proyectado que los ingresos por impuestos aumentaran y habrá un gran superávit. Lo cierto es que el que viene es un año electoral (lo cual incluye gastos electorales oficialistas), es un año con vencimientos importantes de deuda externa y un año en donde además el país debe seguir andando. Pero teniendo en cuenta la profunda crisis que agobia al mundo es difícil imaginar grandes ingresos para nuestro país, de hecho ya hay empresas despidiendo empleados y otras tantas amenazando con echar gente de sus puestos.
El panorama no será fácil y ahí veremos (y ojalá que así sea) si este gobierno puede contener los embates económicos y hacer que la industria y la economía Argentina no detengan su marcha. Ojalá esa manera no sea saqueando las cuentas bancarias, ni las cuentas jubilatorias, ni avasallando la propiedad privada de las personas. Ojalá sea con trabajo y sin corrupción.
Lo cierto es que la fiesta parece haber terminado y nos tendremos que ajustar los cinturones para emprender un vuelo con bastantes turbulencias.
No tenemos porque volver a repetir la historia, gracias a la democracia tenemos la oportunidad de elecciones cada 2 años para demostrarle al gobierno de turno nuestra aprobación o nuestro descontento con su gestión. Utilicemos la herramienta del voto junto con el poder de la memoria para asegurarnos el futuro que todos anhelamos.
Decimos esto analizando y diagramando el presente y el futuro del gobierno de CFK. Tenemos un presente con constantes intentos de impuestazos, apropiación de fondos de AFJP, recortes en subsidios, etc, etc...
Ahora bien, teniendo en cuenta que en el presente vivimos una gran crisis financiera internacional, de la cual muy difícilmente estemos exentos, es increíble que un gobierno no haya previsto en el presupuesto del año próximo que los ingresos no van a hacer los mismos y que el año que viene se presentan grandes vencimientos de deuda externa.
El ministro de planificación, Julio De Vido, anuncio el día jueves un aumento de las tarifas eléctricas y el recorte de subsidios por un monto de 800 millones. La presidenta anuncia un plan de estatización de AFJP llevándose a las arcas del estado el total de los aportes PRIVADOS. No solo se le quita a la gente el dinero aportado, sino que también por una actuación ESPASMÓDICA (actuaciones a las que estamos acostumbrados hace ya 5 años) el trabajador que había elegido el sistema privado ahora empezara a aportar al sistema previsional estatal. Ah! Me olvidaba! Todo esto sin ningún tipo de garantía de que realmente esa plata vaya a los fondos jubilatorios.
Evidentemente el gobierno no puede derrochar un solo peso mas y tiene que salir a buscar fondos donde no tiene... fueron muchos años de derroche, de control de precios, de control del dólar, de subsidios incalculables para empresas que no cumplen con buenos servicios a usuarios y por sobre todas las cosas fueron muchos años de clientelismo político. Quedara por ver si el gobierno puede seguir “ bancando” todo el aparataje político armado, débilmente por cierto, a su alrededor.
Planificando el próximo año el gobierno de CFK ha proyectado que los ingresos por impuestos aumentaran y habrá un gran superávit. Lo cierto es que el que viene es un año electoral (lo cual incluye gastos electorales oficialistas), es un año con vencimientos importantes de deuda externa y un año en donde además el país debe seguir andando. Pero teniendo en cuenta la profunda crisis que agobia al mundo es difícil imaginar grandes ingresos para nuestro país, de hecho ya hay empresas despidiendo empleados y otras tantas amenazando con echar gente de sus puestos.
El panorama no será fácil y ahí veremos (y ojalá que así sea) si este gobierno puede contener los embates económicos y hacer que la industria y la economía Argentina no detengan su marcha. Ojalá esa manera no sea saqueando las cuentas bancarias, ni las cuentas jubilatorias, ni avasallando la propiedad privada de las personas. Ojalá sea con trabajo y sin corrupción.
Lo cierto es que la fiesta parece haber terminado y nos tendremos que ajustar los cinturones para emprender un vuelo con bastantes turbulencias.
No tenemos porque volver a repetir la historia, gracias a la democracia tenemos la oportunidad de elecciones cada 2 años para demostrarle al gobierno de turno nuestra aprobación o nuestro descontento con su gestión. Utilicemos la herramienta del voto junto con el poder de la memoria para asegurarnos el futuro que todos anhelamos.
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